CASI DOS VUELTAS AL MUNDO
Ramiro, el párroco boliviano de los 78.000 kilómetros en la Baixa Limia
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Son las diez de la mañana en Santa María de Río Caldo (Lobios). Una docena de feligreses acude a la eucaristía dominical. La Cuaresma toca a su fin, y esta es la primera parada de Ramiro Willy López en un domingo donde le espera más de una decena de celebraciones. La asistente más joven apenas supera los diez años, y el resto de parroquianos podrían ejercer como sus abuelos.
La fe en A Raia se mide en kilómetros. Los que debe hacer el fiel hasta donde toque la eucaristía diaria, y los que hace el párroco para administrar los sacramentos. La figura del “cura de pueblo”, que llegó a convertirse en un personaje recurrente en la literatura gallega, ha mudado en un párroco itinerante, al estilo del actual pontífice, León XIV, cuando ejercía en Perú.
López lo ejemplifica contando que “en el pasado, cuando miraban a los misioneros pensaban en las bicicletas, pensaban en los caballos... y en estos tiempos de ahora es el coche. No puedes salir de casa sin el coche. De aquí, por ejemplo, ahora voy a la siguiente parroquia que está más o menos a 15 minutos, hay que ir en coche. Y para venir aquí hay que venir en coche”.
Somos cuatro sacerdotes y atendemos toda la Baixa Limia, Intentamos ayudarnos unos a otros, colaborando y bueno, lo llevamos con paciencia”.
Cuarto de hora a cuarto de hora, el sacerdote lleva cinco años recorriendo los 530 kilómetros cuadrados que tiene su Unidad de Acción Pastoral, que incluye once parroquias, y tiene como referencia los templos de Santa María A Real de Entrimo y San Miguel de Lobios. “Somos cuatro sacerdotes y atendemos toda la Baixa Limia”, relata Ramiro Willy. “Intentamos ayudarnos unos a otros, colaborando y bueno, lo llevamos con paciencia”.
La eucaristía de Río Caldo es el punto de partida de un viaje de cuatro horas para el religioso, y aun así, dedica un momento a cada iglesia, sin renunciar a un canto durante la comunión, o a charlar un rato con su parroquia al acabar la ceremonia. “En los pueblos nos encontramos con mucha gente buena. También hay momentitos en los que descubres que en realidad no es todo tan bonito, son momentos en los que te encuentras con personas o acciones o acontecimientos concretos. Y, sin embargo, la mayor parte de todos estos años siempre fueron años muy bonitos”.
Durante los cinco años que lleva desempeñando su ministerio, el sacerdote boliviano se acerca a los 78.000 kilómetros recorridos, cerca de dos vueltas al mundo. “Donde estamos, nosotros no podríamos atender si no fuese por las sacristanas o sacristanes que tenemos. Sin ellos, es muy difícil porque tienes que arreglar once parroquias”, explica el sacerdote.
Son las once de la mañana en la pequeña iglesia de San Lorenzo de A Illa, y don Ramiro arranca su segunda misa. Rosa ejerce en esta ocasión como asistente, ocupándose de las lecturas y la colecta. El párroco reflexiona sobre quienes viven alejados de la vida espiritual, donde la gente no encuentra sentido a los sufrimientos diarios. “Cuando llevas un tiempo alejado de Dios, notamos que nos falta la paz”, predica, antes de que le falle el micrófono. La ceremonia ha durado 35 minutos, y antes de despedirse, recuerda dónde se puede acudir para recibir confesión. “El primer año hacíamos confesiones en los distintos sitios, pero lo hemos concentrado en las parroquias de cabecera”, reconoce. n
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