Oasis de frescor y vida en Beariz

CREATIVDAD CONTRA EL CALOR

Frente a las intensas olas estivales, la Residencia San Antonio de Beariz se convierte en un refugio donde la creatividad, la memoria y las aguas de frutas permiten a los mayores sobrellevar las altas temperaturas.

Disfrutando de un aperitivo al aire libre.
Disfrutando de un aperitivo al aire libre. | Carolina Piñeiro

Las altas temperaturas del verano ponen a prueba cada año a los sectores más vulnerables de la sociedad, y las personas mayores ocupan un lugar prioritario en esta alerta. Sin embargo, en la residencia San Antonio de Beariz, perteneciente a la Fundación San Rosendo, las olas de calor se convierten en momentos de convivencia gracias a una combinación de adaptación en los cuidados, hidratación creativa y una programación de actividades, con la que los residentes enfrentan los días más cálidos manteniendo la vitalidad y la ilusión. Para el equipo directivo y asistencial, gestionar las jornadas de altas temperaturas exige un protocolo estricto pero enfocado en el bienestar emocional y físico. Fabiola Dalama, directora del centro, explica que en estas épocas “lo pasamos algo mal porque está haciendo muchísimo calor, pero intentamos remediarlo con ventilación, con aguas frescas de frutas, algún que otro chapuzón y paseos matutinos”. La hidratación es uno de los mayores retos en el colectivo de mayor edad. Para solucionarlo, el centro ha implementado una iniciativa tan sencilla como exitosa con aguas saborizadas con frutas. “Es algo complicado que beban lo suficiente, más en esta época y esto nos ha servido, lo empezamos el año pasado y repetimos porque fue un éxito, no hay necesidad de estar con ellos para que beban, muchos van solos a por el agua”, detalla la directora. Asimismo, se extreman precauciones como el uso de protector solar en paseos y la protección de su piel delicada.

Memoria viva

Por su parte, los residentes no sólo combaten los termómetros altos con medidas prácticas, sino también tirando de memoria. Muchos de ellos recuerdan que los veranos intensos no son algo exclusivo de la actualidad, aunque las condiciones de trabajo hayan cambiado radicalmente. Es el caso de Amelia Fortes Gulías, residente del centro, que rememora cómo se enfrentaban a los días de sol abrasador en su juventud. “Hacía calor como ahora, pero había que trabajar en el campo aunque hiciera calor. Allí andábamos con sombrero, non quedaba outra”. Hoy en día el escenario es bien distinto. Lejos de las duras jornadas agrícolas, Amelia disfruta de la tranquilidad de la residencia y de una rutina repleta de opciones. “Aquí estamos bien, no notamos frío ni calor”, señala sobre el confort de las instalaciones, donde mantiene el tiempo ocupado con una sonrisa. En la misma línea se expresa Agripina Piñeiro, nacida en A Edreira y con una rica experiencia que incluye una vida en México. Al ser preguntada por cómo pasaba los veranos de antaño, recuerda que “los pasaba trabajando, trabajando, trabajando... Pero también había fiestas, tocábamos la pandereta para bailar y cantar”. Tras haber conocido otras culturas y climas al otro lado del charco, Agripina encuentra ahora en San Antonio un espacio ideal para dar rienda suelta a su creatividad: “Aquí hacemos flores... cosas creativas y gimnasia, todo muy bien”.

Taller de abanicos.
Taller de abanicos. | Carolina Piñeiro

Talleres y vida social

El verano en San Antonio de Beariz se vive de puertas afuera cuando el sol lo permite, adaptando las manualidades a las necesidades estacionales. Un ejemplo es el taller de abanicos que se lleva a cabo estos días, diseñado para que los mayores combatan el calor a la vez que se entretienen. Carlos García Ríos, uno de los participantes más entusiastas, cuenta que “empezamos con unos dibujos para hacer abanicos y para el calor nos ponemos a la sombra para que no nos caliente el sol”. Carlos repasa con satisfacción todo lo que llena sus semanas, las clases de gimnasia por la mañana, manualidades por la tarde, cine y partidas de bingo.

En la residencia de Beariz, los días de intenso calor se transforman en una oportunidad creativa

Ante la pregunta de si alguna vez llega a aburrirse, responde con un contundente y optimista “no”. Desde la dirección del centro recuerdan que la programación estival busca ser distinta a la invernal para aprovechar al máximo las instalaciones al aire libre. A los talleres de abanicos se suman actividades como bolos, pesca de patitos en pequeñas piscinas, lanzamiento de aros, petanca y paseos por el jardín. De este modo, la Residencia San Antonio de Beariz se consolida como un hogar donde el calor estival se mitiga con organización, profesionalidad, empatía y, sobre todo, un sinfín de actividades diseñadas para que los mayores sigan disfrutando plenamente de cada día.

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