La convivencia y el buen trato echaron raíces en Celanova
ENCUENTRO INTERGENERACIONAL
Los participantes en diferentes actividades en Celanova intercambiaron vivencias unidas por el respeto
El programa impulsado por La Región, “A Maiores”, culminó este lunes en el concello de Celanova con una actividad intergeneracional cargada de emotividad y aprendizaje compartido en el Auditorio Municipal Ilduara. Bajo el lema “Hagamos un trato por el buen trato”, el encuentro buscó abordar los valores y principios necesarios para mantener vínculos, una vida saludable y una convivencia en armonía con el entorno social.
En el recinto se dieron cita 16 estudiantes de sexto de primaria del colegio Sagrado Corazón de Celanova. Uniformados con sus sudaderas grises, niños y mayores entrecruzaron miradas con suspicacia ante el porvenir. Sin embargo, la timidez inicial de quienes se desconocen pronto dio paso a la complicidad y luego a la ternura, rompiéndose de esta forma el hielo inicial, dando paso a una jornada matizada por risas, anécdotas y ocurrencias.
Coincidencia de emociones
Distribuidos en cinco mesas, Abel Fornos Fernández y Lidia González Feijóo explicaron la primera de las tres actividades a desarrollar: intercambio de experiencias. Para ello, Abel pasó una bolsa por cada puesto, de la cual extraían tarjetas que servían para iniciar los diálogos, provocando así que la diferencia de edad se diluyera ante la coincidencia de emociones. El flujo de conversaciones permitió comparar entonces modos de convivir desde la perspectiva de los mayores y los más chicos. La disciplina, modo de vestir y, especialmente, los ingredientes para las comidas que antaño “eran más naturales”, como recordó una de las señoras aludiendo a los productos cultivados y producidos en la propia casa, fueron el centro de las conversaciones
El entretenimiento también fue un tema central: mientras los niños hablaban de su día a día, los mayores rememoraban una época donde “no había tele” y la asistencia al cine representaba una forma de intercambiar en colectivo. Los juguetes marcaron un contraste, recordando los mayores piezas hechas por sus propios padres o fabricadas con la pura imaginación.
El árbol de los valores
Acerca de la segunda actividad propuesta sobre opiniones y reflexión, Mateo Pérez, de 11 años, expresó su deseo de “probar nuevas cosas”, mientras Valentina Pacheco, de la misma edad, conversaba sobre música y la vida escolar. María Teresa Gerpe, de 76 años, confesó sentirse como si conociera a los niños “de toda la vida”. Por su parte, José Sánchez Álvarez, de 67 años, subrayaba la importancia de este encuentro para que los jóvenes “cogieran nuestros aires” y así conocieran refranes y canciones antiguas cantadas por ellos cuando eran niños. Una de las asistentes recordó incluso cómo, en su juventud, se paraban en la calle para escuchar la radio cuando sonaban desde alguna casa las canciones de moda.
La jornada finalizó con la creación del “árbol de los valores”. Los asistentes escribieron y dibujaron ideas en sus agendas antes de plasmar palabras como: bondad, alegría, amistad y responsabilidad en hojas de roble y bellotas de papel. Al pegar estos valores en las ramas del árbol, la convivencia y el buen trato echaron raíces en Celanova.
“Los niños son preciosos. Hablamos como si nos conociéramos de toda la vida”
“Me parece muy bien estar aquí haciendo nuevas cosas y divirtiéndome con mis compañeros”
“Con este encuentro los niños pueden conocer muchos refranes y canciones nuestras”
“Estoy divirtiéndome mucho. Hablamos de canciones, qué hacemos y cómo nos va en el cole”
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