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Una hora antes de medianoche las luces se apagaron en Celanova. Pero la villa no quedó a oscuras. La tradicional procesión nocturna de A Ramallosa volvió para iluminar las calles de la villa de San Rosendo y disfrutar de una jornada festiva marcada por la luz de los faroles y la música de las diferentes charangas que animaron la velada.
Las 2.000 pañoletas que se pusieron a la venta se agotaron el lunes. Las ganas de fiesta quedaron claras y de madrugada el ambiente era notable en las calles de la villa para disfrutar de una cita que llevaba varios años sin celebrarse.
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