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Reportaje
Tras 4 meses, Lydia Cases y Raúl Vega lo tienen claro: “Esta experiencia es increíble, de diez, nos gustaría que la gente viniese y lo viese con sus propios ojos”, cuentan estos jóvenes sobre su etapa de formación en el Colegio Rural Agrupado (CRA) Monterrei.
Lydia Cases, de Valencia y con 22 años, y Raúl Vega, de Jaén y con 21 años, están realizando las prácticas de sus carreras -Educación Infantil y Educación Primaria respectivamente- en el colegio rural de Monterrei, gracias al programa Generación Docentes de la Fundación Princesa de Girona. Teresa Santamaría, la directora del CRA Monterrei, se siente muy honrada y “agradecemos a selección do noso centro para participar neste proxecto, Raúl e Lydia xa son parte do noso colexio”.
Desde febrero, estos jóvenes forman parte del centro educativo y, este viernes, Raúl Vega finaliza su período de prácticas y asegura que “la experiencia ha sido genial, desde el primer momento me sentí integrado, parecía que llevaba allí trabajando 500 años”, algo con lo que concuerda al 100% Lydia, que decidió alargar las prácticas y formará parte del CRA hasta final de curso.
Y es que estos jóvenes, cuando llegaron no se imaginaban que esta nueva aventura resultase “única”: “Yo soy de soñar alto, pero he visto que es mucho mejor y más bonito de lo que me imaginaba”, cuenta Lydia, que está convencida de que el futuro de la educación reside en el rural y en la agrupación de colectivos de diferentes edades. “¿Por qué nos tenemos que encasillar en una determinada edad, lo hacemos en nuestro día a día?”, algo que apoya Raúl: “Los mayores ayudan a los pequeños, y los peques a los mayores, es una retroalimentación constante”.
Además, los futuros profesores percibieron durante estos meses que “la esencia de la educación, la educación de verdad, se da en este tipo de colegios, porque al final educar es vivir”, señala Lydia, que pudo ratificar que “aquí dan su vida por la educación”.
Lydia y Raúl, docentes de vocación, se han sumergido durante cuatro meses en una aventura que “jamás olvidaremos”, muy diferente al día a día que vivían en sus ciudades. “Es un gran contraste, yo no me imaginaba que los beneficios del rural pudiesen ser tantos, pero me di cuenta de que si se quiere se puede”, señala Raúl.
Así, entre infinidad de recuerdos, abrazos y alguna que otra lágrima, Raúl Vega se despide de “la familia gallega” y, como su compañera, ya tienen cita para volver a Monterrei: “Nos quedó pendiente el famoso Entroido de Verín, volveremos, porque aquí se queda un trocito de nosotros por siempre”, concluye Lydia Cases.
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