Lisi da Silva, escritora: “A través de la novela descubrí el Patronato de Protección a la Mujer, una brutal institución represora”

DE LECTORA A ESCRITORA

Lisi da Silva, nacida en Vigo en 1960, es una escritora gallega que debutó en la novela a los 63 años

La escritora viguesa Lisi da Silva.
La escritora viguesa Lisi da Silva.

Con formación administrativa y tras trabajar 30 años en el mundo de la moda, la viguesa Lisi da Silva decidió lanzarse a la aventura de publicar una novela en 2023, “Martín no sabe morir”, ambientada en Verín. Para esta ávida lectora, ese título iniciático no fue más que la primera pieza de su trilogía “Crebas”, de la que ahora presenta en la biblioteca de la villa del Támega su segunda parte, “El ruido de los tonos grises”, esta tarde a las 19,30 horas.

Pregunta. Empezó hace muy poco a escribir. ¿Cuál es la sensación al pasar de leer a ser leída?

Respuesta. He leído toda mi vida, incluso cuando trabajaba, unos 10 libros al mes. Y siempre he escrito, pero no me centré en crear una novela y publicarla hasta 2021, ya prejubilada. Como autora, sientes el vértigo de no repetir nada que hayas leído antes ni caer en los tópicos de la novela negra.

P. La segunda parte de su trilogía vuelve a estar ambientada en Verín, pese a que es viguesa.

R. Comencé a visitar la villa porque la pareja de mi hija es de Verín, y la idea del libro y de la protagonista, la sargento Lola Oliveira, comenzaron a nacer a raíz de mis paseos hasta el Castillo y sentada en la terraza del Alborada. Verín es mi elemento diferenciador, en ambas novelas los lectores pueden recorrer ubicaciones reales como la Estatua do Cigarrón, la Casa do Escudo, el Pozo do Demo, San Lázaro o la Atalaya, donde aparece un cuerpo con el que arranca esta segunda parte.

P. En esta nueva obra viaja al pasado y ahonda sobre el Patronato de Protección a la Mujer.

R. Documentándome para la novela descubrí el Patronato, una institución que desconocía. Entonces me puse en contacto con la periodista, historiadora e investigadora Consuelo García del Cid Guerra, que además vivió en sus propias carnes un encierro a manos del Patronato. Me mandó datos y documentos sacados del archivo histórico, con los que desarrollé esta segunda parte.

P. ¿Qué descubrió al investigar?

R. Pues que se creó con anterioridad al franquismo, con otros propósitos, pero tras la dictadura se mantuvo 10 años en democracia, hasta 1984. La definiría como una institución represora sobre la mujer. Eran colegios de monjas e instituciones religiosas que trabajaban con la dictadura y en las que se reprimía a las mujeres. También se esclavizó a muchas de ellas, que trabajaban gratis.

P. ¿Quiénes las internaban allí?

R. Pues las enviaban sus padres, hermanos o cuñados, las mujeres no tenían poder de decisión al estar bajo el mando de los hombres. Allí se las denominaba “descarriadas”, te podían denunciar por estar fumando en una fiesta, o por haberte quedado embarazada, fueron brutales. Lo que el Patronato hacía era someterte para que entrases en el concepto de mujer que el Régimen quería: en casa, sin voz ni voto, un saco de boxeo en el que descargar la furia del que trabajaba fuera.

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