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Como cada lunes por la mañana desde hace semanas, la sede de la Federación provincial de Mulleres Rurais de Ourense (Femuro) en Verín recibe a las alumnas de su nuevo curso de ganchillo o croché, divididas en dos grupos atendiendo a su nivel: principiantes o expertas. En total, 15 mujeres de distintas generaciones, pero también procedencias: Barcelona, Muxía, A Rúa, A Mezquita e incluso de la vecina Portugal. Los beneficios de tejer juntas van mucho más del aprendizaje. Algunas combaten la soledad, todas hacen nuevas amistades y ponen en común su destreza, pero sobre todo crean un espacio en el que interactuar, y sin el que probablemente no se conocerían fuera.
No obstante, también hay tiempo para las risas, para compartir unas galletas y para desesperarse si se les ha soltado algún punto. Por el momento, las “novatas” avanza en la elaboración de mantas, mientras que quienes ya hacían ganchillo se afanan tejiendo las distintas piezas de un peluche de un perro, una de las primeras creaciones que les ha enseñado la profesora, la verinesa Icía Rolán: “O primeiro cadelo animounas a todas para ver que o podían facer”.
La maestra, que comenzó a crear peluches gracias a “tutoriais de internet”, aprendió sin embargo a tejer a través “da miña bisavoa e da avoa”. Porque algo tan común hasta hace bien poco como la transmisión de abuelas a madres y de madres a hijas, se viene truncando en las últimas décadas desde que las familias no comparten tanto tiempo ni espacios como antaño.
Para Gloria, natural de Vilardecervos y la más joven de las clases, el ganchillo acarrea además un estigma que no comparte en absoluto: “Agora hai moitas cousas novas que facer que van máis alá das tradicionais toquillas ou calcetíns”. Ella también incide en el valor de “facer cousas coas mans”, lo que permite hacer realidad creaciones “como ti as queres, non fai falta mercar todo”. Sus compañeras asienten y coinciden en poner en valor el “trabajo manual y ser autosuficientes”.
La valdeorresa Chelo, que trabaja en el hospital verinés y lleva 29 años afincada en la villa, señala que “asociarse” (forma parte de “25 de xullo”, la asociación de mujeres rurales de Albarellos) ha sido lo mejor que ha hecho en años: “Recomiendo a todas las mujeres que se unan a alguna asociación, porque solo así es como surgen este tipo de iniciativas”.
La vista ya está puesta en el mercadillo de Navidad, en el que esperan ofrecer algunas creaciones de sus alumnas. Desde Femuro se muestran “encantadas” con la buena acogida de esta iniciativa y se plantean crear un “grupo infantil” para trabajar la educación desde la base porque “el ganchillo no debería ser solo cosa de mujeres”.
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