Las vacas “bomberas” de Lucenza saltan a la gran pantalla

“13 Vacas” es un documental que se está rodando este mes en Lucenza (Cualedro), centrado en la apuesta de sus vecinos y comuneros por el ganado como defensa frente a los incendios.

Una de las vacas de raza cachena que cuida los montes comunales de Lucenza, el pasado invierno.
Una de las vacas de raza cachena que cuida los montes comunales de Lucenza, el pasado invierno.

Hace diez años, un devastador fuego iniciado en la parroquia de Lucenza, en el concello de Cualedro, acabó arrasando 3.000 hectáreas, buena parte de ellas en la Serra do Larouco, en uno de los veranos más negros en una zona ya de por sí proclive a los incendios forestales.

Aquel incendio marcó un punto de inflexión, y dos años más tarde la asociación de vecinos, creada en 1988, decidió recuperar los montes de As Chairas y de A Veiga conjuntamente con los comuneros. Para mantenerlos limpios y desbrozados de forma natural, introdujeron 13 vacas de raza autóctona cachena.

Hoy, aquel pequeño rebaño se ha multiplicado hasta sumar 107 cabezas de ganado y 15 caballos, cedidos inicialmente por la asociación Pura Raza Cabalo Galego. Los resultados de aquel programa piloto han superado todas las expectativas: las vacas son las mejores aliadas para reducir el riesgo de fuegos y se han recuperado más de 200 hectáreas, 70 de ellas repartidas en dos cierres de la Xunta.

Además, se ha creado un modelo de economía circular que da vida al pueblo y del que se benefician los 80 vecinos, que también pueden obtener becerros y que disfrutan del desbroce gratuito de fincas particulares de las vacas. Su impacto ha sido tal que el proyecto de la asociación vecinal y de la comunidad de montes de Lucenza obtuvo en 2020 el Premio Agader a las iniciativas de desarrollo rural.

Aquellas 13 reses pioneras dan ahora nombre al mediometraje documental “13 Vacas”, cuyo rodaje se desarrolla estos días entre Lucenza y Cualedro, y que narra la evolución de esta historia de lucha contra los incendios y de reintroducción de la ganadería en extensivo, por aquel entonces perdida.

Producción galaico-catalana

El impulsor del documental es el director y guionista Rafael Cañas, que se estrena en el género tras completar sus estudios audiovisuales. La familia paterna de este joven, nacido y criado en Barcelona, proviene de Lucenza, donde reside su abuela y en la que pasaba los veranos. “Todo el mundo nos lo ha puesto muy fácil, nos han escuchado, apoyado y ayudado desde el primer momento”, sostiene.

La idea se le ocurrió el verano pasado, y de hecho durante el invierno ya estuvo él solo grabando algunas tomas y recursos en Lucenza. Sin embargo, el plan inicial no era más que “disponer de una memoria visual del pueblo y de su gente”, pero el proyecto fue poco a poco creciendo y me di cuenta de que “había algo muy interesante que contar”, asegura el director.

Carla Mateo, Rafael Cañas y Clara Polo, grabando a un vecino en A Penela.
Carla Mateo, Rafael Cañas y Clara Polo, grabando a un vecino en A Penela.

Trabaja junto a él en esta producción propia un equipo conformado por Carla Mateo, Hermann Lerbs, Múnia Bonavia, Martín Poza y Clara Polo, que tienen en común el haber estudiado juntos el ciclo superior de Iluminación, Captación y Tratamiento de Imagen en la Escola de Mitjans Audiovisuals de Barcelona (EMAV).

Los veinteañeros comparten ahora una casa en Lucenza, una experiencia que les está permitiendo descubrir el rural gallego, al tiempo que graban durante dos semanas a los comuneros y se dan a conocer entre los vecinos, que están “encantados” con su presencia.

Retrato naturalista

El equipo de producción busca contar esta historia de resistencia y comunidad con un estilo naturalista y observacional, alternando planos del entorno del pasado invierno y de este verano con entrevistas a los miembros de la comunidad de montes y de su trabajo con el ganado. El fin es mostrar el contraste de las estaciones y la evolución del paisaje, de manera realista y atemporal, captando el ritmo pausado de Lucenza y poniendo de relieve la problemática de la despoblación.

El resultado promete ser un retrato “honesto y esperanzador” sobre la importancia de las pequeñas iniciativas rurales frente a retos globales como el éxodo rural y los efectos del cambio climático.

La intención del joven equipo, que cuenta con el apoyo de vecinos, comuneros y de diversos negocios de la comarca, es llevar la historia de Lucenza a festivales nacionales e internacionales, e inspirar a otras comunidades a recuperar la gestión tradicional del territorio. ¿Quién habría pensado, hace ocho años, que se podría llegar tan lejos con apenas 13 vacas?

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