Acusa a su exmarido de 22 años de humillaciones y sexo por obligación en Ourense: “Normalicé que me insultara"
JUICIO EN LA CIUDAD
El acusado atribuye la denuncia a los celos porque él tenía otra pareja. El caso de violencia de género fue juzgado en Ourense
Fueron necesarias más de dos décadas de presuntas vejaciones y la denuncia interpuesta por su hijo mayor para que el caso llegara al juzgado. Este jueves, el desgaste acumulado tras cinco años y medio de noviazgo y 22 de matrimonio le pasó factura a Ana a las puertas de la sala de vistas. Una fuerte crisis de ansiedad obligó a retrasar el inicio del juicio contra su exmarido, Manuel F.A., acusado de maltrato psíquico y físico.
La vista oral en la Plaza 1 de la Sección Penal de Ourense se prolongó finalmente durante poco más de seis horas. Durante su declaración, en la que precisó estar acompañada por una forense, con tensiómetro en mano por si sufría otra indisposición, la víctima reconoció la incapacidad que sentía para denunciar a quien denominó en todo momento como “el señor”. Fue su hijo mayor quien acudió a las autoridades al cumplir los 19 años, cansado de presenciar los continuos desprecios hacia su madre.
Control del dinero
La mujer explicó a la jueza que solo la atención de las profesionales del Centro de Información a la Mujer (CIM) de Barbadás le permitió tomar conciencia de la situación que atravesaba. “Normalicé que me insultara, me aislara de mi entorno, me controlase el dinero y hasta asumí que había que tener relaciones sexuales porque era mi obligación como esposa”, expuso en la sala.
El relato coincide con el escrito de acusación de la Fiscalía, que detalla cómo el encausado se dirigía a ella con hostilidad verbal constante en el domicilio familiar, profiriendo insultos como “tonta, parva, puta, asquerosa” en presencia de sus hijos pequeños. También menospreciaba su aspecto físico -llamándola “gorda” o diciendo que “andaba torcida”- y atacaba su labor profesional con expresiones como: “¿Para qué te vale el bachillerato, para andar limpiando mierda?”.
“Dormía en el suelo”
Las humillaciones, según relató la perjudicada, comenzaron ya tras la luna de miel, cuando él la obligó a dormir en el suelo porque la cama de la casa de sus padres era de 1,10 metros y no quería compartirla. Incluso durante el noviazgo, al poco de conocerse, tuvo que salir de forma apresurada del coche porque quería acostarse con ella.
En el plano sexual, la negativa de la mujer a mantener relaciones propiciaba que el acusado la menospreciara diciéndole que “andaba de puta por ahí”. La Fiscalía recoge, además, episodios de violencia física, como un incidente en el vehículo familiar en el que el acusado la agarró con fuerza por los gemelos y la clavícula tras rechazar unos tocamientos, todo ello en presencia de los niños. La víctima enumeró otras agresiones ante la jueza, destacando que fue estampada contra un armario durante uno de sus embarazos mientras debía guardar reposo por riesgo de aborto.
Durante el juicio, el hijo mayor confirmó el clima de tensión en el que vivía su madre. Explicó que los gritos, los insultos y los golpes en las puertas estaban normalizados en la familia, una realidad que él mismo comenzó a procesar al estudiar la materia de violencia de género para las oposiciones a Policía. El hijo menor prestó declaración a puerta cerrada.
Secuelas
La forense y la psicóloga del Imelga concluyeron que el síndrome ansioso depresivo que padece Ana es totalmente compatible con el maltrato continuado. Existe un daño psíquico a la espera de que concluya su tratamiento. “Los hombres en general me dan asco”, reconoció.
Por su parte, el acusado negó los hechos y atribuyó el relato de su exmujer a los celos por una nueva pareja y a su voluntad de divorciarse. Sobre su hijo mayor, aseguró que estaba compinchado con la madre por ser el “niño mimado” y como venganza por exigirle que hiciera las tareas del hogar.
La fiscal solicita para Manuel 11 meses de prisión por un delito de malos tratos y dos años por maltrato habitual, además de elevar al término de las testificales a 8.000 euros de indemnización por daños morales y la prohibición de aproximarse a la víctima a menos de 500 metros durante cuatro años. La acusación particular eleva su petición a seis años de cárcel por maltrato, lesiones y amenazas.
Repunte de las denuncias por violencia de género en la última década
El testimonio de Ana pone rostro a una lacra que, lejos de desaparecer, mantiene un volumen de denuncias constante y con tendencia al alza en los últimos años en Ourense.
La evolución de la serie histórica desde 2009 muestra una clara fluctuación, destacando el año 2022 como el más negro de la estadística, momento en el que se rompió por primera y única vez la barrera del millar con 1.035 denuncias registradas, según los datos del Ministerio de Igualdad. Si se analiza la curva, se observa un periodo de menor registro entre 2011 y 2015, marcando su mínimo histórico en 2012 con 466 casos. Sin embargo, a partir de 2016 la tendencia comenzó a ser ascendente. Pese a una ligera estabilización tras el récord de 2022, los años 2024 (928) y 2025 (884) han consolidado unas cifras notablemente más altas que las de la década anterior. En el primer trimestre del presente año 2026, los juzgados ya han contabilizado 125 nuevos procedimientos. Menos denuncias (una media de 1,3 al día frente a las 2,4 de 2025) pero hubo una tentativa de asesinato (en la ciudad).
Contenido patrocinado
También te puede interesar