El “barallete”, un idioma en peligro de extinción
El “barallete dos xingros” es una jerga del gremio de los músicos originada entre Barbadás y Celanova. Tres músicos barbadeses son de los pocos hablantes que quedan de este “idioma” que alcanzó su máxima popularidad en los 80.
Alfonso Rey, su hijo Daniel y su amigo Víctor Castro son músicos “dende sempre” y forman parte de la orquesta Espiga, que nació en los años 70 y que pasó por diferentes nomenclaturas. Tantos años de “músicos ambulantes” los convirtieron en hablantes habituales de la jerga de los músicos o “barallete dos xingros” como se dice en este habla de uso gremial similar al de los afiladores o los canteros.
El barallete nació como muchas otras jergas, por la necesidad de hablar entre los músicos sin que los demás les entendieran. Alfonso recuerda que “cando ías tocar unha aldea, os veciños invitábante a comer na súa casa, e así podíamos falar de se a comida estaba boa ou non sen que se decataran”.
Daniel explica la importancia de la palabra “abuñar”, que es el verbo comodín “que vale para todo”, ya que puede significar “ser, estar, parecer, ver, facer…”, según el contexto. Alfonso da un ejemplo, como “abuña muquición copo”, que es la forma de decir “a comida está boa”.
Víctor, por su parte, asegura que conoció el barallete por Alfonso y otros músicos mayores que tocaban en bandas. El origen de este argot es posible que se encuentre en el concello de Barbadás y de Celanova, según varias investigaciones como la de Carlos Diéguez o la de la asociación cultural Ben Cho Shey.
Los tres concuerdan en que los músicos no son un gremio consolidado: “Antes ensaiabamos e tocábamos para pasalo ben e xa de paso, sacar algo de diñeiro, pero tiñamos outro traballo para vivir. Dende os anos 90 hai músicos moi bos, moito músico con soldo durante todo o ano, sen conciencia de gremio nin de pasalo ben, todo é ben distinto”, aseguran.
Por estos cambios en el sector, todos creen que el “barallete dos xingros” no parece tener futuro, y recuerdan que hace tiempo mantenían conversaciones en esta lengua para mantenerla viva y mejorarla. “Discutíamos como se dicía cada palabra porque ás veces era algo diferente segundo en que zona vivise o músico, e hoxe non hai con quen falala”, lamenta Alfonso.
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