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REPORTAJE
Solo hacía falta meter el coche al parking de la Alameda para saber lo que estaba pasando a escasos 100 metros. "Nunca había tenido que dejarlo en la planta menos cuatro", decía un hombre a la entrada del subterráneo.
Siete. Pero no un siete cualquiera. Siete de agosto, la feria de Ourense por excelencia. Y como cada año, un auténtico éxito.
Tratar de caminar por el paseo del Barbaña en línea recta se convertía en una odisea. A ambos lados del río, los vendedores ambulantes trataban de hacer su agosto, y nunca mejor dicho. "Pantalones, camisas y camisetas a seis euros"; "lleve cinco y pague cuatro", "bueno, bonito y barato" y una retahíla de cánticos más llamaban la atención de cientos y cientos de turistas que disfrutan de sus vacaciones en la ciudad.
Pero los más sorprendidos eran los extranjeros. Como si de una exposición museística se tratase, no daban tregua al botón de captura de sus cámaras fotográficas. "Es la primera vez que visitamos España y teníamos ganas de conocer los tan famosos mercadillos", decían unos noruegos. Pero no solo merecen mención los "forasteros". Un par de minutos de descanso en la barandilla del paseo daban para observar un desfile de visitantes llegados de todas las esquinas del país. Y es que es normal. A ver quién se resiste a dar una vuelta por un sitio así cuando uno no está pendiente del reloj y de la rutina. Pese a que la gran mayoría asistían por primera vez a la feria local, muchos fueron los asiduos que se dejaron ver entre puesto y puesto. "Non hai mellor sitio para merca unha bata e unhas zapatillas de andar pola casa", sonaba en un encuentro entre dos conocidas.
Y ante la esperada situación, más vale prevenir que curar. Además de ser una gran oportunidad tanto para vendedores como para compradores, los carteristas también trataron de sacar el mayor provecho a la jornada. Por ello, la Policía Local y Nacional también se dejó ver por la zona, aunque no todos los agentes hacían gala del uniforme. Conocedores de la situación, un amplio despliegue (seis efectivos) veló por la seguridad de los asistentes desde primera hora de la mañana para tratar de reducir al máximo los robos, todavía no contabilizados en la Comisaría.
Pero no todo acababa con la recogida de la mercancía. Los mejor informados se dejaron ver después por el Campo da Feira, donde confirmaron que el mejor "pulpo á feira" se come en la "feira", acompañado de un buen pan y el mejor licor café.
Turistas y locales; ropa y complementos; enseres de cocina; juguetes; artículos de segunda mano; precios bajos y gastronomía. A nadie le amarga un dulce. Y, un año más, se notó.
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