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Cuando acaben los efluvios etílicos por la alegría de los partidarios de la victoria de Jácome y entierren a sus víctimas los partidos que perdieron la batalla, esta ciudad empezará a despertarse.
Se dará cuenta entonces que lo importante no es tener una hora más de verbena ni tampoco fiestas garantizadas durante los próximos cuatro años. Percibirá que el bono de cien euros está ya gastado y hace falta otro y que las rampas de Concordia ya están más que vistas, no sé si usadas.
Se percatará entonces la ciudad que está perdiendo oportunidades de inversión y crecimiento por no tener un plan de urbanismo, por lo tanto limitadas sus capacidades de empleo, actividad económica y riqueza.
Verá como el termalismo debería ser algo más que unas charcas y que aquí no hay inversor que venga porque de este alcalde no se fía nadie con dos dedos de frente y que se juegue la pasta.
Seguiremos drenando población porque la ciudad pierde competitividad a pasos agigantados y estamos a punto de ser superados por Santiago. Los indicadores socieconómicos seguirán demostrando que esta ciudad tiene muchos deberes por hacer y que ni siquiera somos capaces de sacarle partido al AVE.
Y otras muchas urgencias siguen esperando por una acción decidida. ¿Ustedes creen que esto preocupa al Concello y, si me apuran, a la mayoría de los ciudadanos? Yo tampoco.
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