Los conciertos no son rentables, pero la música siempre respira
HOSTELERÍA MUSICAL
Torgal, Café Auriense y Café Latino llevan décadas programando música en directo en Ourense. Los tres luchan para seguir adelante en un contexto deficitario para esta actividad
Ourense se escribe con notas musicales. En cada “última gira” de Los Suaves, en cada polémica punk en los 80 de Bragas Sucias, en cada acorde de Emilio José o cada baile con la electrónica de Mounqup. Cosa distinta es encontrar los lugares donde poder disfrutar de esos ritmos en la ciudad. En un contexto donde se han vivido cierres y donde la mayoría de grandes giras ignoran la ciudad, siguen resistiendo lugares muy longevos manteniendo, como pueden, una programación diversa y de calidad. Porque la música siempre respira, aunque sea por la boca.
El Café & Pop Torgal es, a día de hoy, un lugar imprescindible para la música en directo ourensana. Está comandado por los hermanos David e Isaac Pedrouzo. Aunque ahora parezca mentira, el local no nació como sala de conciertos, sino como un bar creado por un grupo de jóvenes melómanos que buscaban un espacio distinto en la ciudad ya hace más de 20 años. Con el tiempo, empezaron a programar conciertos casi por casualidad, al principio sin experiencia y con una logística precaria, hasta que aprendieron a gestionar bolos de forma profesional.
Solamente cuenta con un aforo de 70 personas, y ese es precisamente uno de los grandes atractivos del local. Isaac se emociona al recordar como, a lo largo de los años, por el Torgal han pasado nombres tan icónicos como la mundialmente conocida Nathy Peluso o Lee Ranaldo, guitarrista de Sonic Youth. “A veces me cuesta interiorizar lo que se ha hecho en este sitio tan pequeño”, destaca.
Desde 2009 cuentan con el apoyo de SON Estrella Galicia, que ha sido clave para sostener la programación. Pero para Pedrouzo, organizar conciertos no es un negocio lucrativo, sino una cuestión de pasión. “Los conciertos del Torgal no son para ganar dinero, son una manera de apostar por lo que nos gusta”, asegura.
Pedrouzo asegura que en torno a 2013 se produjo “una avalancha de gente que abandonó la ciudad” que hizo que el público se redujera, aunque “el interés por la música siempre se ha mantenido”. Además, comenta que Ourense es todavía una localidad “muy desconocida” para la mayoría de artistas y bandas.
También señala que existe una problemática respecto a la apertura de lugares más grandes porque las salas medianas están desapareciendo del mapa. “Las bandas que meten 100 personas van a locales pequeños y las que llenan 500 saltan a recintos más grandes, imposibles de mantener para una ciudad como Ourense”.
25 años y 2.200 conciertos
Otro de las piezas clave en la vida musical de la ciudad es el Café Auriense. El espacio lleva 25 años abierto y ya supera los 2.200 conciertos. David Paz, responsable del local, explica que el proyecto sobrevive por actividades más allá de la música. “Mantémonos grazas a que temos hostalería”, precisa.
El Café Auriense no supera las 100 personas de aforo. Paz explica que él mismo estuvo planteándose involucrarse en otros proyectos de mayor tamaño, aunque ha abandonado esa idea en la actualidad. “Houbo varios intentos, pero os concertos en Ourense dan perdas. Non hai cultura de directo, ao igual que noutras cidades, pero nós temos menos poboación que Vigo ou A Coruña”, indica. Además, considera que esto se prueba porque los conciertos que se llenan es porque son de bandas ya conocidas por el público anteriormente.
El responsable del local tiene guardado el corazón para las bandas locales. “Pola Auriense teñen pasado bandas de todos os lugares do mundo, pero sempre antepoño á xente de Ourense na programación. Que veña xente de fóra sempre está ben, pero para min o importante é poda tocar xente de aquí”, explica.
Un rincón para el jazz
La ciudad cuenta con otra referencia histórica: el Café Latino, especializado en jazz. Su encargado, José Gómez, recuerda con orgullo los casi 38 años de actividad del local y la fidelidad del público. “Nos responde muy bien la clientela, estamos encantados. El jazz es una música para minorías, pero tenemos un público fiel”, señala. Además, destaca que en los últimos años existe un interés muy grande por parte de la gente joven.
Gómez reconoce, sin embargo, que el negocio musical no es sostenible debido, entre otras cosas, a un aforo pequeño, aunque variable. Señala también la falta de una gran sala de conciertos en la ciudad. “Algunos lo intentaron, pero desistieron porque empezaron perdiendo dinero”, explica. Subrayando que el Latino consigue, gracias a su trayectoria, facilidades económicas que otros no pueden, lo que les ayuda a sobrevivir. “Eso sí, programamos música porque lo disfrutamos, no porque sea rentable”, aclara.
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