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Los antiguos chutaderos ocupaban zonas escondidas a la vista del común. Edificios en ruinas, casas abandonadas, túneles o esquinas callejeras que fueron cambiando con el tiempo.
Era raro no hallar agujas en el túnel de San Francisco o detrás de la vieja cárcel. Sin embargo, aunque se pueden encontrar algunos restos de otra época, la esquina en la que picaban heroína fue asfaltada y sirve como cobijo para gatos. En Eiroás, junto al CEIP Virxe de Covadonga, todavía se encuentran papelas quemadas, a escasos metros de la puerta del colegio donde acuden niños de entre 4 y 12 años.
En el barrio de A Ponte, también hay plásticos que antes contuvieron caballo, soportes derretidos -a falta de papel de aluminio- y otros útiles del mundo del consumo.
En Hernán Cortés, un edificio en ruinas, que hasta hace poco tuvo por puerta una cortina, es el epicentro del consumo en el Casco Vello. Sin embargo, es funciona más como fumadero que como chutadero. Justo en frente, otro edificio abandonado, fue durante muchos años casa y picadero. Ahora está tapiado.
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