El crimen de la herencia se ejecutó a golpes en la cabeza

La víctima murió por la hemorragia debida a la agresión, posiblemente con una barra metálica

M. Sánchez
Publicado: 13 may 2022 - 00:30 Actualizado: 13 may 2022 - 07:06
Cuarta jornada del juicio por la muerte de Fernando Iglesias Espiño

A Fernando Iglesias Espiño (63 años) le reventaron la cabeza a golpes. Así lo confirmaron los forenses que realizaron la autopsia cuando fue descubierto el cadáver el 19 de diciembre de 2018. La hipótesis principal es que se trata de una muerte violenta (etiología homicida), que los médicos datan cuatro meses atrás en virtud del grado de descomposición del cadáver. Este dato sitúa el óbito a mediados de agosto, cuando disfrutaba de un permiso.

Los especialistas Fernando Serrulla y Ana Losada, de la unidad de antropología forense, centraron la cuarta sesión del juicio que se sigue en la Audiencia de Ourense contra Óscar González López y Francisco Javier González Hermida por el presunto asesinato de un hombre que cumplía condena en el centro penitenciario de Pereiro por haber matado a su mujer y dos hijos en 1996 en Jinamar (Gran Canaria). Estaba en la recta final, tras 22 años encarcelado, y acababa de cobrar una herencia.

Nunca apareció la supuesta arma homicida, pero los especialistas creen que podría ser un objeto contundente, con borde redondeado, algo así como una barra de hierro. Un cuerpo en descomposición, según matizaron, “es difícil de valorar”.

“La causa que nos parece fundamental es un traumatismo craneoencefálico, al menos cuatro impactos con mucho estallido craneal”, precisaron ante el jurado popular. Para ese tipo de fracturas en la cabeza se precisan instrumentos contusos con cierta masa o energía. “El más compatible sería uno tipo barra de hierro, y el menos probable, uno tipo bate de béisbol”, ejemplificaron. No hay lesiones cortantes, que indicaría que el arma empleada tiene filo.

El traumatismo craneoencefálico fue de tal entidad que le provocó una hemorragia masiva (la cabeza estaba envuelta en dos bolsas atadas con una cinta).

La identificación

A los forenses no les cabe duda que el cuerpo que apareció enterrado en una mina de agua en una finca de la familia de uno de los inculpados en Senra (Piñor de Cea), en un lugar de difícil acceso, al que solo se puede llegar a pie, es el de Fernando Iglesias Espiño. En un principio, hubo problemas de identificación.

No se pudo hacer solamente desde un punto de vista genético, porque la muestra para comparar era con un hermano de madre. Recurrieron a técnicas complementarias. La víctima había sido operada, tenía un fémur con tornillos y había una radiografía de esa pierna en su historial del Sergas. “Comparamos y confirmamos exactamente la misma fractura y tornillos”, explicaron los forenses. Pero como no les bastaba, tuvieron en cuenta que el sexo, la edad y talla de Fernando y el cadáver “coincidían plenamente”.

Sin olvidar, el elemento circunstancial: uno de los investigados, Óscar, llevó a la Guardia Civil a un lugar concreto en donde dijo que estaba el cadáver del Fernando. La valoración en conjunto permite excluir cualquier duda razonable de que pertenezca a otra persona que no sea él.

Los peritos de la Guardia Civil también trabajaron para identificarlo. El ADN del cuerpo enterrado coincide con la muestra de la maquinilla recogida en la celda que ocupaba la víctima en la prisión ourensana y con un trozo de papel ocupado en su Citroen C4.

Las defensas se focalizaron en los informes periciales practicados a los distintos objetos requisados en los registros, porque no apareció ningún tipo de ADN ni de vestigio que lleve hasta los inculpados. Los únicos restos que encontraron son los de uno de los investigados en una de las tarjetas de la víctima, con la que supuestamente realizó varias retiradas de dinero.

La letrada que representa a González Hermida preguntó por el serrín encontrado en el lugar en donde estaba enterrado el cadáver y que no se correspondía con el que su cliente utiliza en la granja de Suareixa (Maside). En todo caso, los peritos no consideran este extremo representativo, porque el serrín pudo originarse allí por alguna otra actividad, como la tala de un árbol.

Contenido patrocinado

stats