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La cocinera del Bar Miguel, en la Rúa Acedianos, se llama Daisy Desousa y tiene 39 años. Tiene nacionalidad portuguesa porque sus padres son originarios del país vecino, pero, como ocurre con muchos gallegos, ella se crió en Venezuela. Llegó a Ourense desde el otro lado del Atlántico hace cinco años (2018), porque el padre de su marido es ourensano. Su suegra también es portuguesa, así que decidieron volver a las raíces del idioma.
“Llegué hace cinco, pero trabajo en Bar Miguel desde hace cuatro”. En su caso, obtener el NIE fue más fácil con la nacionalidad portuguesa, al ser un país de la UE. Aunque “eso no significa que la presión no esté ahí, al final soy portuguesa, no soy española”.
Igualmente, tiene que renovar el permiso de residencia cada cinco años, según lo requerido por el Ministerio. “Con un contrato indefinido vivo mucho más tranquila porque te lo renuevan automáticamente”, afirma.
El caso de su marido es diferente. “Estuvo trabajando con contrato indefinido en el almacén de fruta de Frutería La Ganga”, relata Desousa. “Pero desde hace unos meses está en el paro”.
Daisy es una de las muchas empleadas extranjeras en la provincia que, desde hace unos años, reactivaron el empleo en Ourense. Debido a la reforma laboral, su contrato subió de categoría al cabo de los 18 meses de continuidad. En la ciudad, el sector donde más extranjeros se observan es la hostelería.
Ella y su pareja no planean tener hijos, pero con este tipo de convenios viven con más tranquilidad y se nota: “Siendo de fuera da más estabilidad”.
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