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"Me di cuenta de que era víctima de violencia de género casi al conocerlo. Lo conocí en un sitio muy loco. Desde el principio me pareció un chico malo. Lo escuchaba hablar con su madre y sus hermanas y les hablaba como si fueran perras. Pero me pidió ayuda, le ayudé y empezamos una relación”. Hace más de una década que Marta -nombre ficticio- rompió para siempre con su maltratador. La vida le cambió por completo y aunque “ahora soy fuerte”, el miedo “siempre está ahí”. Marta reside en Ourense con sus hijos, él está en otra provincia.
Su hijo mayor supo desde el primer momento que aquel hombre no iba a tratar bien a su madre. “A él no le hacía mucha gracia, se llevaban fatal. Pero empezó a decirme que si no me iba con él, me mataba al crío”.
Marta se pregunta cómo resistió. “No sé cómo pude pasar de ser una mujer libre, con mi trabajo y con mi casa, a ser una mujer que dependía de lo que él hacía. No sabía nunca cómo reaccionar. Estaba anulada”.
Marta es usuaria de los programas de la Fundación Amigos de Galicia, que en lo que va de año atendió a 227 mujeres víctimas de violencia de género en las diferentes sedes gallegas. La entidad social les ofrece apoyo social, asesoramiento jurídico y psicológico y orientación laboral. “Gracias a ellos estudié competencias clave, también me ayudaron a apuntarme a cursos de limpieza, cocina, manipulación de alimentos…”, dice esta mujer. Sin embargo, ella ya tenía trabajo antes de conocer a su maltratador. “Tuve que dejarlo todo por él. Un día, en la cocina, cogió un cuchillo y fue a por mi niño. Tuve que sujetarlo y decirle: ‘Déjalo, hago lo que tú digas’. Ya llevaba años en una empresa y con esa situación tuve que decirle a mi jefe que me iba. Tuve que dejarlo todo. Mi familia pasó de mí y, a día de hoy, no lo entienden”.
Cuenta su historia “para que la gente se conciencie”. Marta hace énfasis en el maltrato psicológico. “La primera vez que le denuncié fue cuando me dijo que iba a venir a mi pueblo a matarme. Pero un día, su madre me dijo que él ya había cambiado. Le di una última oportunidad, pero a los cuatro días vi que era el mismo cuento de siempre. Pegar me pegó dos veces, dos buenas hostias. En una me puso un cuchillo en la garganta, en otra me dio en la barriga. Pero era más el machaque psicológico”. Marta y el agresor tienen un hijo en común. A pesar de todo, “no quiero que le odie. Es su padre, salió así”.
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