Empezar con el lobo a las puertas
CRÓNICA
La miniresidencia de Luintra se inauguró tres días antes del estado de alarma. Mientras los geriátricos se convertían en un epicentro de la crisis, los 23 mayores y el personal se adaptaban a lo excepcional. De desconocidos, a familia.
La miniresidencia de mayores de Luintra (Nogueira de Ramuín) abrió sus puertas por primera vez el 11 de marzo, tres días antes de que el Gobierno declarase el estado de alarma. Los responsables de este centro se encontraron con una pandemia mundial y 23 caras nuevas a las que atender: mayores a los que explicar un confinamiento histórico lejos de sus familias, sin ningún contacto físico con el exterior. Por delante, la experiencia de todo el personal. Paula Guzmán, la directora, dirige también una residencia de mayores en Silleda. La empresa que gestiona el centro, Coviastec, también tiene centros en Esgos y Chandrexa de Queixa.
"Abrimos o 11 e o 14 foi o confinamento, foi duro. De repente as familias deixábanos aquí e só podían falar con eles por teléfono. Creo que as auxiliares e os que traballamos aquí xa somos un membro máis destas familias", cuenta Natalia Álvarez, una de las coordinadoras de la miniresidencia.
Ramona es una de las dos usuarias que ya recibieron la visita de sus familiares. "Veu o meu fillo", sonríe la mujer desde el patio del centro. Confiesa la "sorte de poidamos saír un pouquiño ao aire", aunque, tirando de retranca, lo que más extraña de esta nueva normalidad es "non saír". Con todo, "estou moi contenta, penso quedar aquí o verán". Óscar, más tímido, espera la visita de sus familiares. "Me encuentro bien, me hacen de comer todos los días, así que bien", bromea.
El resto de mayores atiende religiosamente a la serie "Aída" en la televisión de la sala. Están juntos. "Ai, hai outros sitios que non se pode ver a xente...Iso si que che é jodido", debate una de ellas. Otros dos leen el periódico y hablan de echar la partida por la tarde.
Aquí no hay distancias. Las trabajadoras explican que no hubo ningún positivo por coronavirus en la residencia, aunque hasta hace unos días los mayores mantenían la distancia. Ahora están más juntos.
“Volcan o cariño en ti"
Natalia Álvarez, la coordinadora, charla con las dos auxiliares del turno: Cristina Pérez y Eva Blanco. Todas ellas tienen experiencia previa en residencias más grandes. "A experiencia ao principio foi bastante dura e estresante, os abueliños entraban todos xuntos e había que facer moitos protocolos. Traballar cos EPIs tamén é duro. Levas máis cansancio co que sudas que co traballo que tes que facer, pero acostúmaste", dice la coordinadora. Llega de una residencia en la que atendía a 200 mayores. "Aquí como non teñen a familia, volcan todo o cariño en ti. Foi duro non poder ver as familias nesta situación. Por moito que falen por teléfono, temos que suplir ese cariño nós. E nos ratos que temos. O que máis nos gustaría e só empregar o tempo en darlles cariño, pero hai máis tarefas. Colocar o comedor, facer as actividades, vídeos con eles... Tamén teñen unha hortiña, que lles fixo bastante ilusión a primeira semana. Despois o de ir regar e quitar as herbas malas xa non tanto, xa pasan máis", se ríe la auxiliar.
Las trabajadoras resaltan el beneficio de una miniresidencia que cuenta con solo 23 plazas: "Tes máis tempo de pararte a conocelos a todos. Aquí sabes o que lles gusta, de onde son, cantos fillos teñen, de que traballaron, como foi a sua vida… E eles son unha pequena familia, xa se coñecen todos. Onte foise un home e choraban cuns lagrimóns enormes. Agora están xuntos, hai tres dias estaban a dous metros doutro. E moi difícil. Moi duro para eles e para nós", dicen las auxiliares cuando se acerca una de las usuarias para hacerle un gesto de cariño."É difícil. A esta muller, por exemplo, encántalle bicarnos e abrazarnos".
Al pie del cañón
Las trabajadoras tiraban del teléfono personal para que los mayores hiciesen videollamadas con sus hijos durante el confinamiento. "O teléfono aquí non para", cuentan.
Cristina Pérez, otra auxiliar, apunta: "Temos que axudarnos e axudarlles a eles para que estén perfectos. Un dia tras outro con eles a cañón". Eva Blanco, que se incorporó hace un mes, incide en esa tarea que no se paga: "Tenemos que suplir el cariño que no tienen lejos de sus familiares".
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
"FINAL DE LAS FINALES"
Mella, la gran amenaza para el Antela en la final por el ascenso
RETOS NACIONALES
El Foro La Región analiza el futuro económico con Luciana Taft