La estación de las lamentaciones
La estación de trenes de Ourense vive en un letargo, obligado por la reducción de muchos servicios ferroviarios y en el que no ayudan las obras. Viajeros y negocios se resignan a convivir con los efectos de esta situación.
Vas a coger un tren. Te acercas a la estación intermodal de Ourense, y lo primero que piensas es en cómo superar el laberinto de muros de aluminio que cubren gran parte de la zona.
Al entrar, se nota que la reducción de casi el 50 por ciento en el servicio en las líneas ferroviarias, junto con las obras del nuevo terminal de autobuses, a las que se suma la remodelación del párking, genera cierto malestar en viajeros y trabajadores de la Praza da Estación, que asumen con resignación la situación que les toca vivir.
Normalidad relativa
Dentro de la estación, algunos usuarios reclaman más trenes para un destino concreto. Otros se muestran pacientes con los tiempos y no le dan mayor importancia. Algunos viajeros ocasionales no sabían siquiera que la estación estaba en obras. Los negocios, callan y esperan. Julio González, encargado del Café Café de la estación, señala que, aunque las obras "van según lo previsto", nota el bajón de viajeros debido a los recortes en las líneas: "Estamos en el medio. Nos afecta todo y no podemos hacer nada. Intentamos proponer ofertas y así, pero si no circula la gente...".
En los alrededores de la Praza da Estación, los negocios experimentan los daños colaterales de las obras y la falta de trenes. "Los usuarios se presentan indignados, muchas veces porque los trenes llegan tarde, o directamente no hay, y tienen que hacer noche en la ciudad", explica Luis Conde, dueño del hostal La Rotonda, que se resigna a "aguantar y exprimir todo el jugo que se pueda sacar de esta situación".
Otra de las consecuencias de las obras son las "tormentas de arena" que produce la maquinaria al excavar. "Se levanta un polvo tremendo y nos atasca el cierre de la puerta", dice Julia, dueña de la Farmacia Estación, que señala la proximidad que tiene el local con la obra: "Antes teníamos muchos clientes que paraban con el coche. Ahora casi ninguno. Lo peor es que tenemos que estar barriendo todos los días, y cuando sales y están trabajando, prácticamente vas llorando por la calle. Menos mal que tenemos mascarillas, si no estaríamos respirando polvo cada día".
Los viajeros de media distancia, más perjudicados todavía
Si la tabla de horarios de trenes de Renfe dibuja una España de primera y otra de segunda, en la que asigna a Galicia, dentro de nuestra marginalidad el peor plato se lo llevan los viajeros de media distancia de la Galicia interior. Con la excepción de los servicios Avant entre Ourense y Santiago, el resto de los regionales e interregionales han quedado bajo mínimos. Por ejemplo, O Barco y A Rúa de Valdeorras han perdido dos tercios de sus trenes: de seis por sentido a tan solo dos. Hay que retroceder hasta el siglo XIX para encontrar un horario de trenes tan adverso entre Ourense y O Barco de Valdeorras. Y si hablamos entre la comarca de Valdeorras y León, que hubiese únicamente un tren es algo que resulta casi imposible de localizar en las guías de ferrocarriles históricas.
Valdeorras que fue la primera comarca de Galicia que tuvo conexión ferroviaria con el resto de la península, en 1883 no es la única perjudicada en este reajuste de horarios y frecuencias de trenes. Ribadavia se ha quedado con un único tren por sentido y Barra de Miño y Os Peares, peor todavía. Solo tienen tren en un sentido. Los viajeros pueden de Ourense a Barra de Miño y a Os Peares, o de estas localidades a Monforte, pero no tienen ningún tren que haga el viaje en sentido inverso.n
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