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El turismo rural ha sufrido multitud de cambios en los últimos años. A día de hoy, los clientes valoran cuestiones a las que hace una década no daban tanta importancia, como por ejemplo un método de reserva completamente automatizado o servicios como el wifi, un indispensable pese a ser un estilo de vacaciones de desconexión. Pero no solo cuestiones técnicas son las que han cambiado, ya que el cliente del turismo rural no busca solamente alojarse, sino una experiencia inmersiva que englobe aventura, gastronomía o actividades culturales que se complementen con el descanso que caracteriza al rural.
Uno de los principales estandartes de la buena salud del turismo rural fuera del verano en Ourense son las iniciativas desarrolladas por administraciones o consorcios. Uno de ellos es, por ejemplo, el Outono Gastronómico. Cerca de una veintena de casas participan en la 16ª edición de esta iniciativa en la que se ofrecen dos menús distintos, exclusivamente concebidos para la ocasión y en cada uno de ellos habrá productos gallegos con Denominación de Origen, Indicación Geográfica Protegida o producción ecológica certificada. Javier Torquati, propietario de “A rectoral de Ansemil”, indica que “iniciativas como esta, que está muy bien valorada por la gente, hacen que estemos al 80% de ocupación durante los fines de semana y los festivos de otoño y casi hasta diciembre”.
La cultura es otra forma de atraer a un cliente de alto nivel económico, por eso, la Federación Galega de Turismo Rural impulsa este año la primera edición de “Abiertas de par en par”. Diferentes artistas participan en un espectáculo itinerante por diferentes establecimientos de turismo rural en el que se une el patrimonio rural y arquitectónico de estas construcciones con recitales de poesía y música.
Por último están las experiencias que proponen los propios establecimientos por su cuenta y sus consorcios. Alexandra Seara, presidenta del Consorcio de Turismo de la Ribeira Sacra, indica que “todo o que nos ofrecemos é experiencial”. Sobre las más demandadas para la temporada de otoño, Seara cita “cogumelos, fotografía, turismo de benestar, o enoturismo ou incluso algunhas visitas relacionadas coas oliveiras, unha árbore non tan coñecida nesta zona”.
También hay mucha demanda del “turismo activo”, esto es, senderismo, cursos de orientación, rutas en kayak o rutas en bicicleta de montaña, sobre todo para parejas amantes del deporte y del ecoturismo, algo cada vez más valorado por los usuarios del turismo rural en esta época. Por último, Seara destaca la gastronomía como otro de los puntos fuertes de las experiencias del turismo rural ourensano y gallego, con los productos de proximidad que ofrecen los restaurantes asociados a estos paradores.
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