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El cuidado de la periferia de la ciudad es una de las asignatura pendientes del Concello de Ourense, también este año, abocado a un nuevo suspenso por falta de planificación. Zonas como Peliquín, Rabo de Galo, Curuxeiras y también O Polvorín, entre otras zonas, acusan estas carencias por la falta de desbroces.
La maleza crece sin control por encima de los muros, introduciéndose en las carreteras angostas y extendiéndose sobre las aceras. El paso de los vehículos ya es peligroso de por sí: los vecinos se quejan de que faltan bandas sonoras para reducir la velocidad. Sumando la maleza, la visibilidad empeora, como lo que el riesgo a la hora de circular es cada vez mayor. Precisamente, los trabajos de desbroce de la maleza tienen gran importancia por su cercanía a las casas. Los bomberos y las ambulancias encuentran dificultades a menudo para acceder a algunas zonas, tal y como atestiguan algunos residentes si los espacios no están limpios.
Lorinda Fernández, presidenta de la Agrupación Miño, señala que cada año la falta de atención a la periferia se convierte en un sinvivir: “Siempre ocurre lo mismo. Hacemos las solicitudes con toda la documentación, incluso las de fincas que tenemos que buscar nosotros mismos y el Concello no actúa”.
Además de las parcelas públicas, surgen hándicaps con las privadas. “La mayoría son propiedades de constructores que las tienen abandonadas, otras son de fondos buitre. En cualquier caso, siempre hay muchísimos problemas para que se desbroce”, indica Fernández. Los vecinos se sienten desamparados. Por un lado, está el riesgo de incendio, del que afirman estar asustados: “Estamos muy limitados con la entrada de bomberos y apenas hay un par de piscinas para recoger agua”, indica la presidenta. Por otra parte, la fauna se abre paso hacia las casas. Culebras, ratas o insectos encuentran su criadero entre las hierbas altas.
La situación en O Peliquín es especialmente conflictiva. Marina, una mujer que vive frente a la que solía ser la asociación vecinal, está cansada de pelear por ese espacio que era útil para toda la comunidad. Ella es “nativa” de este barrio, igual que lo fue su madre y lo es su abuela. Y pese a que antaño los vecinos disfrutaban del espacio, el abandono por parte del Concello, les obligó a dejarlo ir.
“O Peliquín non existe”, señala con rabia. La asociación, un espacio formado por una caseta y un gran jardín, nació hace 25 años. Desde el principio, la limpieza y el desbroce fue responsabilidad municipal, pero con el mandato de Jácome desapareció todo compromiso. Entre todos los usuarios la compraron, contando con que la administración continuaría encargándose de cortar la hierba. No fue así. En consecuencia, ahora es un espacio selvático e impenetrable. Además, unas cañas de bambú plantadas hace años, se están propagando por las fincas por la falta de cuidado, dificultando la poda de los vecinos. Con enfado y nostalgia, los residentes de O Peliquín miran atrás, cuando este espacio común servía de punto de compañía para los mayores y de encuentro para los más jóvenes.
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