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Una de las primeras prioridades para los recién llegados a un lugar nuevo es la escolarización de sus hijos. La llegada de extranjeros no para de crecer en la provincia y la Consellería de Educación cada vez se enfrenta a más de este tipo de casos, tratando de causar el menor perjuicio a las familias. “El proceso de escolarización fue realmente sencillo”, explica Vanessa Herrera, una venezolana llegada en los últimos años a la comarca de Celanova acompañada de su marido, David Quinteiro, y sus dos hijas menores, Laura y Alejandra. Cuenta Herrera que su proceso fue sencillo por varios motivos: por una parte, su suegra, originaria de Ramirás, ya se encontraba en la comarca antes de su llegada, por lo que el proceso de búsqueda de centros y gestiones “sobre el terreno” fue más fácil. Además, dice que “tuvimos mucha suerte también porque veníamos con muchos papeles de Venezuela: mi marido ya tenía la nacionalidad española y mis hijas también viajaron con ella”.
Relata que la experiencia con la delegación de Educación de la Xunta fue “sobre ruedas”, ya que “ellos nos dijeron qué papeles teníamos que entregar y se encargaron de ubicar a las niñas en los colegios en función del lugar donde nos íbamos a vivir”. “Nosotros llegamos en un mes de noviembre y las niñas ya empezaron las clases en diciembre”. Además, también mantuvieron una reunión con los centros antes de que iniciasen las clases, en la que tampoco hubo problema alguno.
Para la pequeña de las dos hermanas, Alejandra, la adaptación fue muy fácil, ya que, al encontrarse en los inicios de su etapa formativa, “fue casi como empezar ya aquí”. Para Laura las cosas no fueron tan fáciles. “Tuvo dificultades con el gallego, ya que, aunque esté exenta de la asignatura durante dos años, hay muchas otras materias que se imparten en gallego y necesitó apuntarse a clases”. Con todo, la inmersión en el sistema educativo gallego fue “excelente”. Otro problema fue la adaptación a un nuevo grupo de amigos, aunque pudo solventarlo sin mayores problemas. Eso sí, Vanessa alerta de que “otros hijos de amigos venezolanos sufrieron bullying por venir de fuera y lo pasaron muy mal”, aunque asegura que “la situación en Celanova es muy buena”.
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