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LA NUEVA OURENSANÍA
Inaugura esta semana el Centro cultural Marcos Valcárcel una exposición de ourensanos de otras latitudes, que nos deja, cuando menos, fascinadas. Detrás de las pinturas una pareja en la vida real, padres de familia cubanos, cada uno con su estilo y personalidad. “Aquí y ahora”, se llama la muestra, explica Frank Elia González Martínez, al que entrevistamos en su estudio, en el parque de San Lázaro.
Lucen las estancias del edificio Simeón lienzos suyos, y también de su mujer, la artista Ariansis Reyes Jordán. “Es bipersonal”, comenta. Estará tres meses abierta al público, y esperemos pronto, algún ejemplar en alguna casa.
“Ahora mismo estoy en un proceso que me trae muchas ideas y que bebe de la emigración”, explica sobre su arte. “Los antecedentes del estudio de la obra de Sorolla, algún ruso más realista…”, comenta referentes, “pero mi pintura es muy visceral e innata, dependo de ella para vivir”, finalmente aclara.
“Puedo ser más realista, hacer más abstracción, también tengo proyectos instalativos…”, añade a su repertorio. Nos enseña un planteamiento de escultura urbana bien simpática, de enormes letras metatizadas. “No todo es una pinga”, refleja el monumento, una frase con mucho humor, y claramente muy cubana. Frank es un artista con todas las letras, también las de su tierra, como podemos ver en la estampa. “Tengo algún proyecto que tiene que ver con la descontextualización del propio lenguaje, nuestro español respecto al de acá”, añade.
Nos habla de superhéroes del cotidiano, de los balseros, el malecón, y aflora una historia familiar portadora de inspiración, y quizá también de tristezas vitales. “Estuve treinta años sin ver a mi padre, que se fue en el 94 en balsa a Estados Unidos”, revela. “Después de varios intentos primero llegó a Jamaica, y después saltó a Miami”, puntualiza.
“Te queda de chiquito esa idea de personas que eran partidarias y otras contrarias al sistema”, explica. Explica que su padre era un técnico de rayos X, no era un disidente oficial, pero nos describe un decorado en el que, entre vecinos, había que andarse con cautela.
“Vi siempre el mar como una gran carretera, como espacio de salida”, explica Frank, y nos regala el titular de la entrevista, un mensaje que efectivamente es pura víscera.
“Salimos de Cuba hacia Polonia con un contrato en una galería pero tuvimos que irnos por cuestiones familiares, y gracias a un amigo, que nos puso en contacto con la Asociación Avante ourensana, vinimos hacia aquí”, explica. Cuenta que el inminente nacimiento de su segundo hijo, que hoy cuenta dos meses, fue un problema para quedarse. “No le reconocen la nacionalidad, y tampoco puede reclamar la cubana”, aclara. El pequeño es, por el momento, lo que se dice un apátrida.
Aquí viven en A Ponte, muy cerca del río. “Agradezco eso a la vida, pues como hombre de mar, de isla, tenemos una relación muy profunda con ese lugar donde se acaba la tierra”, qué lindo de nuevo lo que explica. “Puedo suplantar eso con el Miño”, apunta, sonrisa en boca. “Me da muchas ideas el caudal y la fortaleza que tiene”, suma propuestas Frank a la par que reflexiona.
En su isla vivían en La Habana, donde tenían una galería con otros artistas, la cosa más o menos marchaba. “Cuba tiene mucho potencial en tema del arte, con gente muy reconocida, pero la emigración hace que este talento se pierda”, explica. “Esto está creando un vacío social”, añade. Comenta que ellos tenían sus clientes, coleccionistas pero también mucho turismo, un consumo que paga las facturas.
“Aquí estamos en un proceso de solicitud de asilo, y también descontextualizando al público ourensano”, comenta sobre el precio de las obras, por si hay algún interesado. Tiene Frank sus papeles en regla desde el día doce de este mes y está un artista, con la ayuda de Avante, con la burocracia lidiando.
“La obra tiene que cumplir su función”, opina Frank, y añade que en algún lugar, más allá de un museo, le gustaría que campasen las suyas. Debatimos sobre funcionalidad, decoración y otras cuestiones que nos vienen a la cabeza. “La obra es como un proceso, primero gatea, luego camina, y luego veremos”, Frank Elia González Martínez, de nuevo artista como él solo, sin aclarar, aclara.
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