UNA VIDA DE COLECCIÓN (XXIII)
Galería | Colección de novios para una solterona
UNA VIDA DE COLECCIÓN (XXIII)
El origen de esta colección, de más de 50 piezas por el momento, comienza en la ventana de la planta baja de una vivienda de Ámsterdam. Esas ventanas holandesas sin cortinas ni nada que impida la entrada de la luz y la mirada de los curiosos. Allí había, en el alféizar de la ventana, mirando a la calle, un montoncito de parejas de novios destinadas a adornar las tartas de boda. El grupo resultaba animado y estético, y me entraron ganas de coleccionar parejas de novios, cuanto más antiguas, mejor. Las actuales rayan muchas veces en la cursilería”, explica la coleccionista.
Como sucede siempre que comienzas una colección, empezaron a aparecer piezas curiosas con posturas y caras más o menos amaneradas. Las hay de loza, de barro, de alambre, de baquelita y de plástico. Las novias se convierten en toda una historia del traje de novia: trajes con puntillas sobresaliendo, con cola, bordados... Los ramos son igual de variados y curiosos. Unas parejas se miran, otras se tocan y otras van cada uno por su lado. Por lo general, ellos y ellas están muy estirados, muy en su papel. Algunos parece que van a bailar y uno hasta se atreve a coger a la novia en brazos; incluso hay un novio con los labios pintados.
“La repisa de la chimenea atestada de cerditos de cerámica, el armario con platería de Sheffield, el álbum con vistas antiguas de la ciudad, el estante con copas de vino, alfileres de sombreros, o animales de peluche, todos esos objetos son pequeños altares de distintos pasados, huidas del presente, afirmaciones de la individualidad del deseo y la esperanza”
Dos parejas son las preferidas de la coleccionista: la minimalista que le regaló una amiga, comprada en un mercadillo y que resultó ser la más moderna de la colección, y la pareja de barro pintado, muy naíf, que le regaló un pastelero de Ponte de Lima (Portugal). Es lo que tiene el coleccionismo: haces amigos en todas partes. Algunas las compró en pastelerías tradicionales y otras en bazares de pueblo ya cerrados al público. La última se la regaló una casada hace más de diez años que la guardaba en un cajón.
De momento, no quiere añadir a su colección las nuevas parejas de gais, embarazadas, en moto y similares, por muy reales que sean. La interpretación de por qué a una soltera entradita en muchos años se le ocurre coleccionar parejas de novios la deja para los psiquiatras...
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