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REPORTAJE
Rubén González, que acaba de titularse en Ingeniería Agraria en el Campus de Ourense, podría tener la solución a los problemas del Concello de Ourense que impiden abrir, a estas alturas, algunas de las termas públicas. Aunque se quita méritos, su Trabajo Final de Grado sobre el aprovechamiento geotérmico durante todo el año de la Burga do Muíño ya ha obtenido dos reconocimientos y se ha presentado en Termatalia. “Bueno, es un TFG de un estudiante. Pero sí que es factible”, dice este ingeniero agrario sobre el estudio que propone que las conocidas como pozas do Muíño sean cubiertas para evitar, entre otras cosas, el clásico problema de inundaciones de todos los inviernos.
El Colexio Oficial de Enxeñeiros Técnicos Agrícolas reconoció este TFG como el mejor trabajo del año. Anteriormente, ya fue distinguido en los Premios de Investigación, Transferencia e Divulgación Científica del Campus Auga. Rubén González llegó a explicar su proyecto en la feria internacional sobre termalismo, Termatalia.
“Como todos los años se inundan estas termas durante meses, propongo un proyecto en un espacio de 400 metros cuadrados. Con bancos, duchas, cuatro termas (una de agua fría), dos fuentes, ajardinamiento y el empedrado de alrededor. Factible es. Y lo que tiene de bueno es que se puede reproducir en otras zonas”, explica. Además, eliminó barreras arquitectónicas para permitir el acceso de personas con movilidad reducida. “Yo no quiero que desaparezca la Burga do Muíño, esta sería una oferta más”, aclara.
En el proyecto, señala que “la idea es realizarlo en una zona próxima, mediante un bombeo de agua que es una captación protegida. Porque el problema do Muíño es que está en zona inundable, ahí surge el agua directamente de las pozas y se mezcla con la del río, entonces no puedes controlar las condiciones del agua o que alguna vez se contamine si hay un vertido más arriba. Propongo una sala de instalaciones desde la que se controlan las condiciones del agua antes de que llegue a los vasos”.
Por otro lado, “el problema es que al enfriar el agua, hay que abrir agua de red a tope porque sino sale a 65 grados de las pozas. Con la ley que sacó Sanidad para regular la temperatura de los vasos termales, surgió el problema de que estuvieran cerradas. De esta manera, con intercambiadores de calor midiendo con el agua del río, lograríamos la temperatura del 39-40 grados en los vasos termales”.
Rubén González es ourensano y amante de las termas. “Hacía deporte y al salir de entrenar solíamos ir a Outariz. Con el covid, empezamos a usar mucho las privadas. A la gente de fuera les encantan y les parece hasta normal pagar. Es algo que en Ourense no valoramos”, señala.
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