Los guardianes de las víctimas
Reportaje
Más de 300 casos de violencia de género están activos hoy en Ourense. Desde el primer momento en que pasan al sistema VioGén se les asigna un teléfono y un policía protector al que las víctimas pueden llamar las 24 horas del día.
En el despacho de la Unidad de Atención a la Familia y la Mujer (UFAM) de la Policía Nacional de Ourense en donde trabajan los tres agentes que protegen a mujeres maltratadas hay coloridos ponis de vinilo en las estanterías. En las paredes, dibujos con corazones que se adueñan del folio -llevan la firma de los hijos de los agentes- salpicados entre otros muchos con trazos inquietantes, como la casa de Carlos, siete años, rodeada de maleza hasta las nubes. A su lado, aparece un laberinto infinito solo apto para el feroz Minotauro. Los pintan los hijos de las víctimas mientras sus madres están denunciando maltrato o violencia sexual a unos metros, en la sección de investigación.
Muchas de ellas, tras ese primer paso, recibirán protección policial. Eva, Vicente y Pablo -el último en incorporarse- velan por su seguridad desde el mismo momento en que sus nombre pasan al sistema informático de valoración de riesgo y seguimiento integral de Violencia de Género (VioGén). También protegen a hombres maltratados -"porque los hay"- y a quienes denuncian violencia sexual. Un teléfono las conectará con los policías las 24 horas del día cuando detecten que hay peligro, para así poder brindarles seguridad y apoyo. El móvil, dice Eva, siempre se atiende, incluso cuando están fuera de servicio, porque mostrar cercanía, aderezada con mucha vocación, va en el ADN del policía de UFAM.
La labor que prestan estos custodios con placa es fundamental, tal como reconoce el fiscal delegado de Violencia de Género en Ourense, Julián Pardinas, quien valora, sobre todo, "la gran profesionalidad" de los agentes. Trabajan estrechamente con el juzgado de violencia y la fiscalía: "Lo que me dicen va a misa porque conocen a las víctimas mejor que nadie". Una especie de "psicólogos sin título", señala Vicente.
El sistema VioGén del Ministerio del Interior atañe a la Policía Nacional, en coordinación con el resto de policías locales y Guardia Civil (en villas y los pueblos más pequeños). Distingue cinco niveles de riesgo , donde encuadra a las más de 350 mujeres maltratadas que hay en Ourense a día de hoy: no apreciado, bajo, medio, alto y extremo. En los casos más peleagudos, se convierten en escoltas particulares que las compaña a dónde tengan que desplazarse: juzgado, médico, colegio...
El protocolo clasifica pero es el policía protector, en última instancia, el que determina qué medidas reales hay que adoptar. Está presente en todos los casos, al margen del riesgo. "Cada víctima trae su propia mochila e intentamos adaptarnos a las necesidades concretas. Tratas con ellas a todas horas y las circunstancias van variando", asegura Eva.
La Policía Nacional, en este momento, realiza la protección de 94 víctimas de violencia de género; 40 de violencia sexual y otras 36 de violencia doméstica. Ahora no tienen a ninguna en máxima protección o riesgo alto, aunque en lo que va de año hubo seis y ocho, respectivamente (un seguimiento que solo asume la Policía Nacional en la ciudad).
Muchas para pocos agentes, reconoce el fiscal Pardinas, aunque suplan la escasez de medios "con una gran vocación de servicio". Precisamente, Ourense es una de las 19 provincias a nivel nacional que ha perdido agentes contra la violencia machista, tal como reconoció recientemente el Gobierno central en respuesta a una pregunta parlamentaria.
Presión
Los policías de UFAM trabajan con presión cuando la vida peligra. "Hay noches que no duermes, semanas con casos delicados -aseguran- que acaban afectando a tu vida personal". El buen ambiente de trabajo les ayuda -añaden- "a resetearse". Están en esa unidad porque quieren -"cuando entras sabes el compromiso que asumes"-.
La frustración también tiene cabida en su trabajo. La derivada -destaca Vicente- "de las decisiones judiciales que no dependen de nosotros", sobre todo cuando entra en escena al maltrato psicológico. "Es fácil documentar un golpe porque se ve, pero cuando llega una mujer que ha estado machacada por un señor, por llamarle algo, cómo lo documentas", se pregunta Eva.
Transmitiendo "confianza, tranquilidad y apoyo" acaban aflojando las pesadas mochilas de las mujeres cuando pasan por comisaría. Por la puerta entran todo tipo de perfiles: "Tratamos con abogadas, médicas, paradas, funcionarias, jóvenes, mayores...". Pero sí hay un común denominador: "Mucha distorsión de lo qué es una relación adecuada y baja autoestima porque el maltratador lo que hace es minarle la personalidad; les crea dependencia y mucha culpabilidad y si hay hijos, peor todavía", aseguran. Por esta razón, el primer reto que asumen estos agentes es aligerar la carga: "Hay que hacerles ver que no son responsables de esa situación de violencia, y si el agresor acaba en prisión no es culpa de ellas".
Precisamente, la dependencia hace que, en ocasiones, no sigan adelante con la denuncia. En esos casos, la puerta de UFAM sigue abierta. "No meten la pata por volver con ellos sino que no tienen la fuerza suficiente para pegar con el puño en la mesa y dejarlos, pero todas se llevan el número y las volvemos a llamar para decirles que estamos aquí".
Y no son pocas la s veces que retornan y se las vuelve a guiar. "No damos ningún caso por perdido", enfatiza Eva. Y hay mujeres, muchas, que salen del pozo y rehacen sus vidas porque "saben lo que no quieren".
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