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El autor de la oleada de robos sucedida la semana pasada en Valle Inclán ingresó ayer en prisión. La Policía Nacional lo detuvo por sexta vez en el mes de julio tras interceptarlo en medio de un robo con fuerza en un local comercial del barrio de As Lagunas.
A las 23.10 horas del sábado los agentes acudieron a este establecimiento y detectaron que una persona ajena al negocio había entrado en el interior. El ladrón levantó la persiana y la calzó con bloques para evitar que se cerrase el acceso. Los policías actuantes, tras realizar una batida por la zona, interceptaron al hombre y lo cachearon. Descubrieron que llevaba 38,75 euros en el bolsillo derecho de su pantalón procedente de la caja registradora del interior del establecimiento. Esta fue localizada 50 metros de la puerta y próxima al sospechoso que procedieron a detener por el delito de robo con fuerza.
Desde el 8 hasta el 23 de julio esta persona fue detenida por seis hechos semejantes, todos en establecimientos comerciales de la ciudad y con el mismo modus operandi: forzaba la persiana de acceso, abría la caja registradora y sustraía dinero y alcohol. Fue el caso de “La Consentida”, un bar de Valle Inclán donde actuó. Lo hizo a las 3 de la madrugada. Levantó por un lado la persiana, colocó bolsas de basura debajo para que no se cerrase y cogió dinero de la caja registradora. “Una hora más tarde volvió con una mochila y se llevó varias botellas de alcohol”, explican desde el bar. También bajaron a la parte baja y se llevaron el cambio en monedas.
El “Beker” es otro de los negocios que fue víctima de la oleada de robos con fuerza. El presunto ladrón forzó la cerradura de la persiana, la abrió y se llevó la caja registradora y un bote con monedas.
Más adelante, en el número 19 de la calle, entró en la tienda de golosinas Enredos en mitad de la noche y también se llevó la recaudación. “No revolvió nada, pero vimos todo por las cámaras”, señala una de las dependientas. En este caso, reventó el cerrojo, apartó una escalera y entró reptando hasta dentro.
Por último, hubo otros casos en los que todo quedó en un intento. En “Confitería Miguel”, al caer la noche, sacó la barra de metal que permite que se cierre la persiana y, tras unos minutos de duda, la tiró a un contenedor cercano. La responsable del establecimiento cree que pudo haber testigos que al pasar lo disuadieron de su cometido.
Según señala la Policía Nacional, uno de los hechos fue cometido nada más salir del juzgado tras ser puesto en libertad, en uno de los supermercados próximos al mismo. Tras ello, ingresó en prisión.
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