Israel Guerra, desde Cuba con una bandera, el son y las botas en la maleta

LA NUEVA OURENSANÍA

Proveniente de Holguín, Cuba, Israel Guerra reinventa su vida con la de su familia en Allariz, de donde casualmente eran originarios los antepasados de su esposa. El relato de un músico cubano que trata de hacerse en Galicia un hueco

Miriam Blanco y Marta Vázquez
Publicado: 13 dic 2024 - 05:10

“En Cuba cuando entras en un bar no preguntas si hay chipirones, sino quién toca hoy”, palabra de Amilcar Israel Guerra González. Nacido en Santiago, la segunda ciudad más grande de la isla del Caribe, pero criado en Holguín, “el pueblo sin aplauso”. De esta manera explica un artista el exigente oído de sus paisanos, quienes según él, no son de los que se arrancan por menos de nada a dar palmas.

“Se nos dio, fue casualidad”, comenta sobre su llegada a Allariz, empieza la entrevista con un Israel un poco bravo. “Mi esposa es descendiente de gallegos”, explica, “¡resultaron ser de esta misma zona!”, añade. Se nota que está asimilando que su vida haya pegado un vuelco, que sea tan difícil encarrilar las cosas. “Aquí tengo una loma que veo desde la ventana que me recuerda a la de Holguín”, comenta, Guerra se va apaciguando.

Está con la dentadura mal Israel, y un poco en guerra como su apellido, con las clínicas dentales. “Una cosa es que te quieras cambiar el fotingo y otra cosa son las muelas”, comenta. Le preguntamos por el significado de esa palabra que in illo tempore refería a un coche usado, y nos explica que vienen a ser las nalgas, qué bonito nombre para los cuartos traseros, pensamos. De cuartos iba el asunto, lo de los dientes, sin duda es un despilfarro.

La grandeza del metal

Resulta ser una charla muy amena la que nos ofrece, llena de referentes en la música, la cultura, la política y el arte. “Tuve un grupo, Sándalo se llamaba, un proyecto familiar con mi esposa, mi hermana y otros músicos, pero vengo nutrido de las bandas de metal de Cuba”, explica. Toca la guitarra y el bajo, nos enseña vídeos desgreñado con veinte años menos, en videoclips y shows televisados en los que lucía buenorro y un poco celebrity de lo suyo, y vaya que si cantaba. De frente ahora un padre de familia, entusiasmado con la música, pero buscando crear un hogar, y poco a poco a los de aquí asimilarse. No queremos decir con esto que ya no sea apuesto Israel, pero los años no perdonan a nadie, y arrancamos hablando de achaques dentales, pues lo dicho, no es lo mismo veinticinco que cincuenta y tres años. “Trabajaba en las escuelas de arte, como técnico de afinación de pianos, fui productor musical, también promotor cultural”, aclara. Toda una vida en torno a la música que por el momento aquí se materializa en “Los cuatro gatos”, una banda que hace versiones, nacida en Allariz, y en la que él toca el bajo. “Me estoy aprendiendo canciones de Rosendo, Extremoduro…”, comenta alegre.

Imagen de WhatsApp 2024-12-03 a las 14.11.25_ad7a66de

“Tu eres para el mundo desde donde estás”, opina Israel para explicar que las letras en el rock de aquí nada tienen que ver con las del universo cubano. “Lo nuestro es más rollo cantautor, a lo Silvio”, comenta. “La sal de la vida, los desamores…también es música hecha para bailar”, explica. De pronto se arranca con unos acordes de bajo y empieza a interpretar una canción que incorpora sentimientos que pasan a una escena de dos rombos, en un abrir y cerrar de ojos. Eso también es muy cubano ¿no?, le preguntamos, Israel se ríe y afirma que efectivamente el mambo no siempre suena a mambo.

Cuando salí de Cuba...

Vendió sus instrumentos, cerró su estudio de grabación, y con ese dinerito compró los pasajes. Viajó con su mujer y sus dos hijas, las jóvenes se adaptan mejor que los viejos, ya tú sabes. “Yo te cambio la manzana por un saco de guayabas podridas”, explica al hilo de las frutas de su isla. Las morriñas se palpan con menciones al arroz congrí y los batidos de zapote.

Su casa con jardín y perro quedó para los familiares de allá, entre los que está su madre. “En la maleta metí la bandera cubana, mis instrumentos y unas botas para caminar”, explica.

“A los tres meses tenía el NIE por la condición de mi mujer, es tiempo que pierdes sin trabajar, pero más pierdes encontrando donde empadronarte, porque para eso necesitas casa, para la casa necesitas nómina, y para la nómina necesitas el trabajo, y para eso tienes que volver al principio”, explica. Arranca pues Israel en hostelería, como ayudante de cocina y acaba en el sector de la carpintería en los polígonos. “Lo más cerca que había estado de la carga y descarga fue subir un piano a una cuarta planta”, explica sobre el antes y el ahora. “A los cubanos no nos interesan las ayudas, sino trabajar, y en mi caso algo que me permita tener tiempo también para la música”, aclara.

Imagen de WhatsApp 2024-12-03 a las 14.13.26_b3b88029

Se considera Israel rebelde, pero no por tocapelotas, sino por espíritu patrio. “Los cubanos se rebelaron como colonia de España, pero no por revolucionarios, sino porque no querían ser esclavos”, concluye sobre ese germen que vive en él, y que le va y le viene como un ramalazo. “Mi padre fue un luchador en la clandestinidad, intentando liberar el país, pero al final, la dictadura que lucharon fue sustituida por otra”, comenta sobre la situación cubana. Opina Amilcar que “Fidel se equivocó muchísimo pero nunca reconoció nada”.

Hicimos un cuestionario a Israel sobre curiosidades autóctonas, pero la síntesis que nos hizo sobre los conocimientos de Allariz, resultó ser más interesante. “Aquí cayó un rayo en una iglesia, aquí apareció un hombre lobo, aquí apareció un hombre muerto en estas lomas, aquí apareció uno que tenía droga en casa y vendía al por mayor, aquí un tipo tenía una red de pornografía qué sé yo, pueblo chiquito infierno grande”, relata.

“Siempre fui un buscavidas”, explica a un cierto punto un entusiasta de la plática. Amilcar tiene ganas de conseguir, por eso le hierve la sangre, pero también sabe que los tiempos duros, no hay más remedio que pasarlos.

Contenido patrocinado

stats