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Jesús Quintá afronta su “último periodo”, dice, al frente de la Indicación Xeográfica Protexida (IXP) Castaña de Galicia. Fue reelegido como presidente del Consello Regulador de este sello de calidad la semana pasada. Este nuevo mandato lo encara proponiéndose el reto de profesionalizar el sector y de capear las malas cosechas de los últimos años. Prácticamente todos los factores han estado en contra del cultivo: “Hemos tenido muchos contratiempos, con la avispilla, la sequía, la pandemia, el envejecimiento de la población…”, enumera Quintá.
Durante la campaña de 2021, en Ourense se recogieron 101.535 toneladas de castaña, el 54% de toda España, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Hay 600.000 árboles diseminados por toda la provincia. Pero las perspectivas no son halagüeñas, con una campaña de 2022 pésima, y eso preocupa a Quintá, que insiste en la necesidad de profesionalizar el sector y cuidar los sotos para hacer frente a plagas y sequías. “Tenemos un sector productivo muy poco profesional, muy grande. Lugo y Ourense producen un montón de castaña, pero la gente tiene otras actividades”, señala.
Otra de las preocupaciones de Quintá de cara a este mandato es la falta de relevo generacional: “Al no haber gente joven, se va abandonando. La gente es mayor, y si no le da rendimiento… No se recogen muchas castañas”. Un obstáculo para atraer jóvenes al sector es que el castaño es una inversión a medio plazo, ya que tarda diez años en dar fruto. Una larga espera. “Si no ayudas a los jóvenes a que mantengan sus gastos, si no los ayudas de verdad, se aburren y abandonan”, lamenta Quintá. En referencia a estas ayudas públicas, cree que hay carencias: “Las ayudas son siempre muy tímidas, muy intermitentes y muy complicadas”. E insiste en la necesidad de destinar partidas “según se ayuda a otras producciones”.
El presidente de la IXP afirma que se necesita producto y que está todo vendido: “Hay muchas empresas de comercialización y es una pena que tengamos que importar castañas”. Si no se profesionaliza el sector ni se atraen jóvenes, su vaticinio dista mucho de ser optimista: “Habrá que deslocalizar las empresas”, predice, así como que “el sector desaparecerá”.
La desestacionalización del consumo en Galicia es otro de los objetivos a alcanzar por la IXP. Quintá destaca la buena salud del mercado de productos elaborados, como las marron glacé o las castañas congeladas. Esto se debe, sin embargo, a que “más del 90% de la producción va para fuera de España”, según explica. “Lo tenemos resuelto de momento porque fuera se consume mucho. Nos gustaría que se consumiera también aquí”, y cita Francia o Suiza como países que buscan castaña gallega.
Cultivo modelo
Sobre si la solución a la falta de profesionalización es favorecer las grandes extensiones de cultivo, del mismo modo que acontece con los viñedos, Quintá se muestra favorable a un modelo basado en agricultores con parcelas de 15 a 20 hectáreas. “Ese modelo es el que creemos que funciona”, dice, ya que los productores se quedarían en las zonas de montaña. Así, la castaña sería un fijador de población.
El cultivo es rentable: “El precio de la castaña es muy alto, es de los que más valor tienen en el mercado. Todo se vende, se está importando. Tenemos que intentar plantar con ganas, no tímidamente”, sentencia el presidente de la IXP.
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