Jhonphir Pilco y Carolina Atuesta, del desnudo a la obra, vida de una pareja en Ribadavia

NUEVA OURENSANÍA

Creando desde la quietud, pero en un no parar de actividad, Carolina Atuesa y Jhonphir Pilco construyen algo más que arte en la Comarca do Ribeiro, con un itinerario que arranca con la cumbia en Argentina y recorre España y Latinoamérica. Modelos de desnudo, bailarines, constratistas y artífices de belleza, desbordan su talento en nuestras tierras mientras, pelean la supervivencia

Miriam Blanco y Marta Vázquez
Publicado: 08 ago 2024 - 04:00 Actualizado: 08 ago 2024 - 07:07
La Nueva Ourensanía | Jhonphir Pilco y Carolina Atuesta

Provenientes de Venezuela y Colombia, Jhonphir Pilco y Carolina Atuesta llegaron a Ourense en el 2019. “Yo ya conocía esto, y Argentina se puso terrible”, confiesa Carolina. Allí se ganaban parcialmente la vida de tournée exhibiendo los trajes de la cumbia colombiana por todos los países latinoamericanos.

LA NUEVA OURENSANÍA (2)
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De Barcelona saltaron a Ourense y posteriormente Ribadavia gracias a la hospitalidad de amigos que ella ya había años antes cosechado. “Soy modelo de Bellas Artes, y en el 2010 había hecho una exposición en Buenos Aires”, arranca el relato Carolina de una profesión fantasía que le hizo conectar con los nuestros. “A Víctor Iglesias, presidente de la ONG Galicia Terra de acollida, le encantó”, comenta esta artista colombiana.

Explica Atuesta que habiendo posado desnuda para tantos otros, seleccionó fotos de múltiples sesiones y compuso un compendio de distintos lugares y fechas. “Tantas veces no me pusieron el crédito”, cuenta Carolina que el resultado de estos encuentros no es sólo dibujo, luz y enseñanza. “La mayoría de las veces, la propuesta corporal sale de la modelo”, denuncia. Seleccionó Carolina imágenes de todos esos momentos y con ellas cruzó los mares. “Expusimos en el Xesteira”, revela, sobre esta muestra fotográfica que llegó a nuestra orilla. De aquí la llevó a Italia y a media España.

Modelaje al desnudo

“Es una profesión muy mal interpretada”, dice Carolina. No hace falta que entre en detalles porque todos sabemos de los pudores que la convención marca. “Es una profesión muy bonita, no es lo mismo dibujar desde una foto que desde el natural”, aclara. “No existe en ningún lugar un taller donde te enseñen esto”, explica Carolina. “No sólo es estar desnudo, hay que quedarse quieto en una pose durante horas”, detalla. Frío, calor, que si te pica un pie, o se te está haciendo una contractura en un costado. No piensa una en pormenores de esta índole hasta que se encuentra sobre estos menesteres hablando. “Tienes que conocer mucho tu cuerpo para escoger la postura, yo me lesioné y me tuve que hacer una cirugía”, confiesa.

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Estudió Carolina teatro y tango y con dieciocho años empezó la trayectoria del posado. “Fue todo a raíz de un cuadro”, nos cuenta. Vio la aspirante a actriz una pintura de un desnudo y hablando con un profesor se fue encaminando. “Fue como ir con un hacha en mano en la selva”, concluye sobre años de dedicación a este oficio revolucionario. “Creé una disciplina que se llama desnudología”, nos cuenta Carolina, que viene a ser el arte de posar unido al teatro, la danza, la poesía y otras facultades. En Argentina hizo escuela y ahora en Ourense la está exportando.

No podemos seguir narrando los detalles de su itinerario artístico porque nos quedamos sin espacio para hablar de Jhonphir, que nos sonríe esperando al lado. Hacemos un salto del arte a la obra para que nos hable un ingeniero mecánico. “El baile fue un punto de encuentro”, comentan sobre el momento que les unió en Buenos Aires a ambos.

La vida, una danza

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“Mi mamá se llama Ophir, y en los ochenta por influencia americana me puso el Jhon adelante”, explica sobre su excéntrico nombre y continúa hablando de su mezcla venezolana y peruana. “Trabajé en la industria siderúrgica durante años y luego emigré a Argentina”, nos cuenta. Empieza Pilco también a desnudarse. “Nos conocimos en la Viruta, un lugar para bailar tango”. Cuenta Jhonphir que tres profesores tiraron la toalla con él, porque en ese baile de cortejo no se “brinca, ni se viene con alegría”, confiesa con gracia. “Ella me tuvo paciencia”, relata. Siguió él la ruta de ella dirección la terriña. “A mí se me dan bien los ritmos latinos y la bachata”, cuenta sobre sus bailes, con los que comenzaron su andadura en España. “Hacíamos actuaciones en todas partes, vendíamos artesanías, yo hacía retratos a carboncillo…”, narra el camino que saca al matemático de su encorsetado. “También me metí en lo del posado, llamaba a mi familia y les decía: mira, así en bolas me gano la plata”, se desenvuelve también con salero el venezolano. “La falda del traje típico colombiano es muy vistosa”, apoya Carolina el relato, y de paso pone imagen al espectáculo con el que, bolos con o, íban cerrando. “Haciendo un boleo, un movimiento de baile en la calle, en Ourense, se me enganchó la falda con el tacón y se me bajó”, narra un episodio ella en el que pegó un grito a causa del percance, y juntas reflexionamos sobre el desnudo en otros contextos que no son el profesional. “¡Yo no es que sea nudista en todos lados!”, aclara.

Lidera hoy Jhonphir una pequeña empresa de reformas que trabaja por toda la comarca, que compaginan con todo lo que va entrando. “Si nos salen ‘shows’, con gusto vamos”, comenta. “Ya compramos las telas para otro traje”, añade. “Lo nuestro ha sido resiliencia, ¿qué toca ahora?”, describe el venezolano. Con ellos parece que una vida no llega para explotar talentos y perspicacias.

“Siempre pienso que está todo por hacerse, en lugar de que falta”, opina Carolina sobre Ourense, que el arte en la provincia está luchando. “Estoy pensando en montar una pequeña galería en una casita que compré en una aldea en Allariz”, comparte. Cuenta también que está haciendo sesiones de baile, ‘desnudologías’ en el Mur Marxinal, dicta seminarios y hasta organiza una feria sostenible en Ribadavia.

“El hombre es un marco para que se luzca la mujer”, cuenta Jhonphir sobre la elegancia del tango. Es curioso esto que dice, y que recuperamos para terminar el relato. Algo ha sucedido en esta entrevista con las palabras, las cuotas de género, y el camino que fueron forjando. El destino ha hecho que Carolina se apodere del cuento, y en este caso ni se ha desnudado.

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