Jorreto: "A Ourense le faltan espacios bellos; es el problema de casi todas las ciudades"
ENTREVISTA
"¡Tengo el teléfono echando un humo!", se queja Manuel Gallego Jorreto. El Premio Nacional de Arquitectura 2018 sigue trabajando a sus 83. Eso es lo único que le interesa. Hablar de sí mismo parece que le da pereza. El Ministerio de Fomento, que otorga este galardón, de 60.000 euros, valora su "puesta en valor del paisaje y el entorno por encima de cualquier otro interés".
El jurado reconoce su “arquitectura comprometida con Galicia". ¿Cómo se consigue una arquitectura comprometida?
Que lo que hagas esté un poco pendiente de lo que hay allí. Si el sitio te gusta y es muy bonito, que lo que hagas no lo estropee. Hay que hacer arquitectura que esté pendiente de los sitios, sabiendo que todo lo que hagas va a modificar aquello. Por eso adquirí un compromiso ético y personal. Haciendo una arquitectura integradora, que sea capaz de convivir.
Ha realizado proyectos reconocidos que van desde casas unifamiliares en Oleiros y Corrubedo hasta la mismísima residencia del presidente de la Xunta. ¿Qué tienen en común?
El autor que piensa que es una casa para que la viva bien el que está dentro. La casa del presidente tiene que ser para que sea feliz, lo mismo que la que casa que hago al vecino.
¿Qué importancia tiene el autor, el "sello", en una obra?
No. Yo creo que el sello personal tiene que ser sin que se dé cuenta, si es un sello personal buscado no está bien. Tengo que hacer las casas como yo creo que son, pero yo no persigo el estilo. El estilo es una consecuencia.
La búsqueda de la modernidad es una constante en su trayectoria. ¿Ve a Ourense una ciudad moderna?
Ourense tiene cosas que están muy bien y cosas que están peor. No voy a decir lo que está mal...
¿Y lo que está bien?
Tiene las casas de Vázquez-Gulías, que son un ejemplo de arquitectura estérea, de calidad. En toda Galicia hay una gran producción de arquitectura que no merece el nombre de arquitectura, es simplemente construcción o un negocio. Desgraciadamente, hay en Ourense y en toda en Galicia casos de estos. Como en todos los sitios.
¿Qué le falta a Ourense arquitectónicamente?
No falta nada, sobra mucho arquitectónicamente. Alturas en edificios, construcciones... en Ourense falta crear espacios bellos, de tranquilidad. Es el problema de casi todas las ciudades españolas. Y digo casi porque hay algunas que se salvan.
En una entrevista anterior, apuntaba un proyecto pendiente en el Campus.
Sí. Era un proyecto en el que tenía mucho interés y que creo que estaba muy bien. Era para servicios del Campus. La crisis lo paralizó.
¿Alguna espinita más en la provincia?
No. Estoy haciendo cosas. Ahora estoy terminando la rehabilitación de un pazo cercano a Coles, y de unas ruinas.
¿En dónde es?
Es el pazo de Vilanova de Arroxo, en Santa María de A Barra. Creo que en unos meses estará listo el proyecto.
Ahora que la Ribeira Sacra aspira a Patrimonio Mundial de la Unesco... ¿ve factible alguna intervención?
En todos los sitios se pueden hacer cosas necesarias y sensibles, que no destruyan lo que hay antes.
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