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Juan Ayras Janeiro nació en Madrid, pero sus orígenes están en O Barco. En la villa barquense tuvo una farmacia su abuelo paterno, Juan Ayres Gallego, casado con María del Pilar Jaspe Fernández, y también vivieron su abuelo materno y jefe de taller de Cedie, Julio Janeiro Guntiñas, y su esposa, Benita Rodríguez. Enamorado confeso de este territorio y sus comarcas limítrofes no se hace extraño oírle decir que “no he faltado ningún año de mi vida” a su cita estival con O Barco.
¿Veranea con frecuencia en O Barco?
Desde pequeño veraneamos aquí, en julio. Ya venía de pequeño y ahora vuelvo con mi familia e hijos. O Barco se convirtió en mi Shangri-La particular. Es donde me desintoxico un poco de las presiones y el estrés de Madrid. Aquí tenemos un ritmo, inculcado por mi padre, que es río por la mañana, y no sé por qué en O Barco nadie se baña en el Sil por la mañana, y de tarde excursiones. Ya no se trata solo de Galicia y este trocito, sino de todo el territorio que se extiende desde Ponferrada hasta Montefurado. Este sería el territorio Barco de Valdeorras para nosotros.
¿Qué le atrae más de O Barco?
Me encanta venir a O Barco. Me atrae de todo un poco. La naturaleza de los alrededores de O Barco me parece alucinante y me extraña su olvido. Matarraña (Teruel), después del coronavirus que impidió a la gente viajar, se convirtió en una meca del turismo rural. No entiendo por qué O Barco estuvo siempre tan perdido y abandonado. Es algo extrañísimo. También me gustan los temas culturales e históricos.
Como directivo de Hispania Nostra. ¿Cree que el patrimonio histórico de la comarca puede atraer turistas?
¿Cuánta gente de O Barco sabe que hay un puente pequeño, pero romano en Éntoma? Seguramente, poca. La historia de este territorio me parece apasionante y sorprende que no se le conceda demasiada importancia ni se le dedique más tiempo. Si usas el Sil como línea de unión entre las Médulas, Cornatel y Montefurado, vinculados por los romanos, el oro y la historia, puedes hacer este territorio muy atractivo. Cada vez que traigo a mis amigos, y lo hago todos los veranos desde que tengo 18 años, todos quieren volver. Pero creo que falta algo aquí que dinamice el tema cultural y ponga en valor la naturaleza.
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