La añoranza del ayer

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En el libro "Gran Hotel Roma" de Fernando Valcárcel, los más nostálgicos encontrarán mucho de lo que fue el Ourense del siglo XIX

Mónica. V. Lopo
Publicado: 12 may 2019 - 16:57 Actualizado: 14 may 2019 - 18:47
Fernando Valcárcel González (ÓSCAR PINAL).
Fernando Valcárcel González (ÓSCAR PINAL).

De una charla de Fernando Valcárcel con amigos recordando los años 20 en la ciudad y sus edificios, surgió el libro "Gran Hotel Roma". Un recuerdo a un edificio emblemático que acogió a gente de todos los ámbitos y pensamientos. En él se llevaron a cabo actos que fueron desde reuniones políticas a presentaciones comerciales o desfiles de moda. Con su desaparición se lloró, y se llora, un emblema de la Auria más dorada, uno de los edificios más distinguidos del arquitecto Vázquez Gulias. Ahora solo queda recordarlo y en el libro de Fernando Valcárcel, los más nostálgicos encontrarán mucho de lo que fue el Ourense del siglo XIX.

Para situarnos, comencemos con un poco de historia del Gran Hotel Roma.

Comenzó siendo una fonda, la Fonda da Cuanda, la más relevante de la ciudad, y propiedad de José Cuanda Cruz. Pero este se endeuda y pierde la fonda ubicada en el número 71 de la calle Progreso, y dos inmuebles más (el número 73 de la misma vía y otro en la calle Reza), que pasan a manos del prestamista de Entrimo Emilio García. Lo primero que hizo fue rebautizarla como Hotel de Roma y, en 1815, le encarga al arquitecto Vázquez Gulías su reforma. En tiempos de su siguiente gestor Faustino Arias (1889), pasó a llamarse Gran Hotel Roma, nombre con el que aún pervive en la memoria de miles de ourensanos. Durante los años de gestión del lisboeta Ramiro Lopo y Sicre, se le añadieron tres plantas y la cúpula, un elemento claramente diferenciador que lo hacía visible desde casi todo Ourense. En 1927, siendo gerente Adriano Campos, se abre su cafetería, un lugar emblemático en la sociedad de la época. Un año más tarde, bajo la gerencia de Barciela, responsable también del Gran Hotel Universal de Vigo, vivió su época dorada hasta que cerró definitivamente sus puertas en 1960, y fue finalmente derribado. Es el espacio que hoy ocupan las Galerías Roma.

¿Cómo surgió su libro "Gran Hotel Roma”?

Fernando Valcárcel González
Fernando Valcárcel González

De una conversación de bar con dos amigos rememorando el Ourense de los años 20. Casi sin querer nos empezamos a interesar por lo que fuera el Hotel Roma, descubrimos toda una historia de la que poco o nada se había hablado, a excepción de un artículo de Maribel Outeiriño en la revista Auria que editaba "La Región", y unas reseñas de un anecdotario de la falange de Fernando Meleiro.

¿Cómo se dio cuenta de que había tanto que contar alrededor de este hotel?

Primero, por su vertiente arquitectónica. Era un edificio del arquitecto Vázquez Gulías, desaparecido en los años 70, y en su construcción tiró de los mejores artesanos de Ourense. Para mí, era un edificio equiparable, por ejemplo, al Gran Hotel La Toja. Su cúpula cuadrada y en tulipa o su escalera imperial, entre otras características de su estructura, lo hacían único. Y por la intensa la vida cultural que se desarrollaba entre sus paredes. En su cafetería nació el Círculo Azor, se idearon las coplas de los Maios de la “Peña de los Sabios” o se reunían para tomar café la Xeración Nós. Es solo una pequeña muestra de todo lo que en el y que, solo sabiendo un poco, es imposible que no quisiese seguir investigando.

¿Qué era el Gran Hotel Roma para la ciudad?

Yo siempre digo que era una industria sentimental. Allí se “rezaban” las tertulias de todas las ideologías políticas: galeguistas, falangistas, los de la CEDA o tertulias de los gerifaltes de la ciudad. Es excepcional que en un mismo lugar y en una época tan convulsa (años 20, 30 y 50), todos se respetaban en sus discusiones. Cada uno tenía su lugar asignado, seguramente se miraban con desconfianza, pero nunca llegaba “la sangre al río”. Visto desde la distancia, cuanto menos era curioso.

Y por el pasaba gente de toda clase y condición.

Sí. Desde el hijo del jalifa, pasando por los Borbón, Franco, Calvo Sotelo, actores y actrices, curas con y sin sotana, atletas… y por supuesto los vecinos de Auria que acudían a su cafetería para arreglar el mundo. Las 24 horas del día. Había desfiles de moda, cenas americanas para la alta sociedad, presentaciones comerciales, consultas médicas… Repasando hemeroteca, incluso hacían parada muchos bañistas que iban a Verín y otros destinos. Como era habitual entre los apellidos de familias notales, reseñaban su llegada las notas de sociedad de los diarios locales.

Hasta su cocina era reconocida.

El restaurante fue un referente y su postre “Biscuit glasse”, una de las recetas recuperadas de sus años de esplendor. En el libro hacemos un guiño a ella con una receta reinterpretada por el restaurante Nova, Estrella Michelín de la ciudad. Decir, que cuando las estrellas Michelín se concedían a los hoteles, el Gran Hotel Roma, fue el primero en tenerla.

¿Alguna curiosidad?

Dos concretas que resumen la importancia del Gran Hotel Roma a diferente nivel. Por un lado, en el libro recojo una servilleta que pone “Gran hotel Roma Ourense - Hotel Universal Vigo”, que era la misma gerencia de Barciela, con un dibujo realizado a mano alzada por Prego de Oliver, en el que aparece Vicente Risco y Conde Corbal. El hotel también era un lugar estratégico en el mundo de los negocios, allí tenía lugar la llamada “Banca del Jamón”, donde se reunían una vez al mes los industriales del porcino de Maside y Taboadela, entre otros lugares de la provincia de Ourense, para hacer y cerrar tratos con gente de Madrid, Valencia... para vender jamones ourensanos a toda España. Era gente muy característica, vestidos con americanas dos tallas más grandes y portando carteras cerradas con gomas. Se cerraban negocios de muchos millones de pesetas.

Pero llegó el momento de echar su cierre. Y con el desapareció una parte de la vida diaria de la sociedad ourensana, sobre todo con su derribo.

Yo soy un sentimental y no dejo de añorar su desaparición. Es un recuerdo que no deja de llorarse. Aún hoy no puede entenderse que se permitiera, aunque, en aquella época las leyes eran diferentes y más permisivas con estos comportamientos especulativos que atentaban contra el patrimonio. Hay que sumarle factores como que el Hotel Miño ganaba terreno, su propiedad tenía varios socios con sus diferencias, la cubierta estaba ruinosa, pero no se podía arreglar por falta de acuerdo. Fue un acto contra la ética y la estética, pero era legal. Ahora solo pretendo que no se pierda su memoria.

Ahora, tras ocho años de trabajo, ¿cómo se siente?

Satisfecho, pero también consciente de que aún quedan muchas historias del Roma por contar. Fueron 8 años de trabajo intenso, que, aunque yo lleve el peso de la mayor parte de los textos, somos 35 personas detrás de el, entre articulistas, gente que se pasó horas de hemeroteca, fotos cedidas... Años en los que he ganado muchos amigos. Fue toda una sorpresa, yo que pensaba que todo era muy individualista, tuve que cambiar de opinión, porque la gente hizo que me callase la boca. Todo fue colaboración y me llegaron historias y objetos de toda Galicia.

Para viajar a aquellos años del Gran Hotel Roma, se prevé una exposición.

Será en el mes de diciembre en el Centro Cultural Marcos Valcárcel. Va a recoger objetos del establecimiento, desde vajilla a invitaciones, el mueble recibidor a algunas de sus mesas. Son objetos que fueron quedando en las familias de los propietarios o las adquiridas en el mercadillo que se realizó en su momento para deshacerse de los objetos y tener algún beneficio.

Pero el futuro del Gran Hotel Roma está más activo que nunca.

Seguramente a raíz del libro llegarán más fotos, más objetos y más historia. Es un cuento sin fin con mucho que contar aún.

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