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LADRONES INCENDIARIOS
Vecinos de Pereiro de Aguiar se encontraron esta semana con un amasijo retorcido de cableado con cobre abandonado en un terreno cerca de Sabadelle. Estaba a medio quemar y desperdigado por un terreno algo escondido. “Vinieron aquí a quemar el cobre y se les descontroló el tema e incendiaron el monte”, apunta un vecino de A Lonia que se encontró con este amasijo de cables retorcidos esta semana. Ese material vertido continúa aún en Sabadelle. Los tubos son de gran calibre y, por su aspecto, podrían corresponder a cableado de telefonía.
Los metros de cable se transportaron a esta zona posiblemente para quemarlo de forma clandestina y separar el cobre de la goma que lo recubre. Es la forma de limpiar el cobre para incrementar el valor de su venta en circuitos ilegales, en recicladoras de cobre o chatarrería. Al retirar estos restos, los delincuentes también lo consiguen transportar con más facilidad y discreción.
Uno de los vecinos apuntaba a que el fuego había corrido al monte y que pudo ser el motivo de que los autores dejaran el material abandonado. En estos días, ha ido desapareciendo parte del cobre abandonado en este punto, lo que indica que los responsables del supuesto robo u otras personas habrían ido en varias ocasiones a retirar hilos de este metal, posiblemente para ir poco a poco y no levantar sospechas con ventas de pequeños lotes.
El valor del cobre es alto por su escasez y por ser un buen conductor, más que el latón, bronce o la chatarra al peso. Es clave en la industria telefónica, automotriz y eléctrica, entre otras y, aunque se está sustituyendo por otras tecnologías como la fibra, su precio está en alza, especialmente desde el pasado mes de febrero. Actualmente, fluctúa entre los 5 y 6 euros por kilo y se vende a precio distinto si se intenta comercializar “pelado o sin pelar”.
El cobre limpio de goma o del recubrimiento plástico es mucho más rentable y fácil de manejar, además de eliminar pistas de su procedencia. Lo complicado es limpiarlo cuando el origen, además, es un robo a una empresa, a una central telefónica, de instalaciones ferroviarias o si se ha arrancado del cableado en el rural.
Hay que tener en cuenta otros riesgos de este proceso al que los ladrones someten al cobre. Lo malo de este tipo de robos y de que quemen así en el campo el aislante para quedarse con el metal, es lo contaminado que queda el terreno con todos los restos de goma calcinada, además del riesgo de incendio debido a las altas temperaturas.
El cobre es uno de los materiales más consumidos, pero también más robados. La solución no estaría en la vigilancia más exhaustiva de las instalaciones o empresas que manejan cobre, sino en el control más estricto del circuito de compraventa.
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