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ENTREVISTA
Marc Castellnou (Tarragona, 1972) es inspector jefe del Grupo de Refuerzo de Actuaciones Forestales (GRAF) de los Bombers de la Generalitat de Cataluña. Es un referente internacional respecto a estrategias para luchar contra el fuego. Él y su equipo fueron los primeros, hace décadas, en empezar a hablar de los incendios forestales de sexta generación, un término al que poco a poco nos estamos acostumbrando debido a la actualidad informativa. Conversa con La Región unas semanas después de la destructiva ola de incendios que calcinó casi 100.000 hectáreas en Ourense, los fuegos más virulentos desde que hay registros.
Pregunta. En Galicia, este mes de agosto hemos vivido semanas sin precedentes en cuanto a la virulencia del fuego.
Respuesta. El episodio ha sido extremadamente largo, con incendios con comportamientos muy extremos y en la línea con lo que solemos ver en fuegos de otros lugares del mundo, como California o Australia. La verdad, en Europa estábamos esperando esto desde hace algún tiempo. Sucesos muy extremos que se enquistan en un territorio durante varias semanas. Antes, este tipo de procesos solamente duraba unos días y la situación terminaba, pero con el cambio climático, el movimiento sinóptico es más lento y existe mucha persistencia.
P. ¿Entonces, esta situación está para quedarse?
R. Sí, porque el cambio climático se está solapando encima de un cambio socioeconómico. Hace años que venimos diciendo que el abandono rural está creando mucha más continuidad de combustible, con mucha más carga en nuestros montes.
En episodios de más de 5 días, donde se acumulan más de 100 horas sin recuperar una humedad de más del 50%, es donde entra el combustible, que es grueso y mucha parte empieza a estar deshidratada. Este contexto tiene como consecuencia la desaparición de las noches como freno para el incendio. El concepto de recuperación no se va, pero es que no puede compensar a todo lo demás. Lo hemos visto en Galicia este verano. Eso sí, también hay que destacar que no es lo peor que podría haber pasado. Según las previsiones que manejábamos, se esperaba durase una semana más.
P. ¿Qué importancia tiene la gestión de los montes para la lucha contra los incendios?
R. Es fundamental. La gestión de las ciudades es una economía ciega, porque básicamente presume de que nada va a cambiar. Entonces, muchos núcleos cerca de los montes tienen una economía urbana, renegando de todo lo rural. Bajo un cambio climático, esa intención de solo vivir en ciudades, se hunde.
Y claro que tiene un coste mantener el mundo natural, pero se debe asumir. No por el mero hecho de hacerlo sino porque la economía y el paisaje rurales mantienen la capacidad del mundo urbano de sobrevivir. Este episodio, igual que la dana de Valencia, nos pone en evidencia a todos. Se le está dando la espalda al territorio que sustenta a las ciudades. No a nivel de producción, sino de seguridad. Aquí se cae la máscara de países que pensábamos que estaban totalmente seguros.
P. Si no se hace nada, ¿qué puede pasar?
R. Habrá más incendios, más destructividad, más situaciones extremas. Y van a impactar no solo a la economía, sino la seguridad de esta sociedad. Existen inversiones a largo plazo y muchas industrias que dependen de ello. España necesita que su turismo se sienta a salvo para que venga.
Además, nuestros bosques necesitan estar presentes para garantizarnos la capacidad de captar agua y almacenarla. Sin eso, tampoco vamos a poder sobrevivir. Aparte, suavizan la temperatura y lo estamos viendo: perdemos competitividad cuanto más ascienden. Lo que quiero decir es que estos procesos están conectados con todo lo que tenemos alrededor. Si se ignoran los montes, tendremos un gran problema de seguridad.
P. ¿Cree que esta vez nos tomaremos en serio este tema o va a quedar en saco roto?
R. Se empieza a entender, pero no va a ser inmediato. Ahora que ha pasado, somos más conscientes y siéndolo empezaremos a ser más sensibles al problema, pero estas cosas tardan generaciones en solucionarse. Ahora es el momento de empezar a poner las bases políticas para ello. Una generación se dio cuenta de que España tenía que tener más bosque y nos pusimos a poblarlos. Después, entendimos que debían ser diversos, así que protegimos la biodiversidad. En este momento, empezamos a comprender que esto no aguanta si no lo gestionamos. Un paciente no va al médico hasta que no se da cuenta de que está enfermo.
P. Fue el pionero en hablar sobre las generaciones de los incendios.
R. Fuimos nosotros hace décadas, después se hizo viral.
P. Exactamente, muchas veces se usa casi como un eslogan. ¿Me podrías explicar qué es realmente un incendio de sexta generación?
R. A partir de la cuarta generación es el momento en el que un incendio se transforma en un problema forestal porque puede entrar en lugares habitados. En la quinta generación se vuelve un episodio global, con varios focos de manera simultánea. Se denomina sexta generación al incendio que es continuo, rápido, intenso, afecta a la población, hay focos simultáneos y consigue modificar las condiciones atmosféricas formando pirocúmulos, nubes de convección forzada por el mismo incendio. Es decir, crea condiciones para perdurar en el tiempo por sí mismo.
En 2017, vimos en Portugal 9 pirocúmulos. Más tarde, en Australia, 18. Pero es que en los últimos incendios que ha sufrido el noroeste peninsular hemos observado 52 (contando Galicia, Portugal, Castilla y León y Cantabria). Esta situación está creciendo constantemente. De ser cosas puntuales y muy raras, han pasado a ser comunes y simultáneos.
P. ¿52? En una conversación en La Región con Sandra Martínez, jefa del operativo de extinción en Ourense declaraba que en Galicia solamente el incendio de Larouco había creado esa nube de convección.
R. Ha habido bastantes más que el de Larouco. Ese incendio fue muy intenso y consiguió una gran propagación nocturna, pero a nivel satélite hemos visto muchos más.
P. Esto nos deja en una situación de gran complejidad.
R. Nos dice el camino que debemos seguir. Solamente invertir en el operativo de emergencias, es desplazar el problema. O se consigue tener un bosque con menos carga de combustible, o esto no tiene solución. Nos va a pasar como en Francia, que por más medios que pongamos, no vamos a conseguir parar el incendio. Nuestros vecinos han colapsado como país este mes de agosto con el incendio de Aude.
Hay un límite para la capacidad de extinción. Evidentemente, se necesitan medios para apagar incendios, pero esto es como cuando te duele la cabeza y decides tomarte una aspirina, consigue que te encuentres bien, pero tarde o temprano tendrás que buscar la causa del dolor de cabeza. Es lo mismo. Paramos las llamas hoy, pero llegará el momento donde no vamos a poder hacerlo. Y lo que nos están diciendo estos episodios es que ese momento se está acercando.
P. Esperemos entonces que se tome nota.
R. Es que todos debemos hacerlo. Nosotros, como sociedad, preferimos productos baratos de todo el mundo antes que consumir alimentos de proximidad. Y esa es una decisión individual. Queda muy bien decir que los políticos ya lo solucionarán mientras sigues consumiendo de una forma que sabotea nuestro paisaje y sobreexplota uno ajeno.
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