A Mariña de oriente a occidente

Deambulando

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Andamos por esta costa lucense que desde el río Eo, límite con Asturias, hasta el río Sor, límite con A Coruña, se conoce como A Mariña, que otra no hubiese en Galicia. Suave costa en su comienzo para ir haciéndose más agreste a medida que se acerca a San Cibrán, pasa por Viveiro y se aproxima a Vicedo que comparte la ría de Vares o del Sor o del Barqueiro, que tantos nombres recibe y alguno más si se quisiere. Estas Rías Altas, o mejor, cantábricas, de Ribadeo, Foz, Viveiro o Vares no son a Costa da Morte, porque acaso este Cantábrico occidental carece de la bravura de su madre atlántica cuando bate las costas de este mar de los Ártabros allá por ferrolanas tierras, que más al sur el mismísimo Finisterre ahora Fisterra y en los mitos romanos, el finis terrae, el fin de la tierra, aunque más occidental se halle como fin de la tierra continental el cabo Touriñán en Galicia y el da Rocha en Portugal, que por el más occidental de la Europa continental.

De oriente a occidente de esta fermosa Mariña, empezamos en la Ría de Ribadeo bullente de vida, que la maderera industria de eucaliptos para la marítima exportación ocupando tanto o más que el puerto de Celeiro el sílice de las canteras de Vares; cercana a esa villa que tanto ennobleció el liberal y filántropo marqués de Sargadelos al que muerte dio en tumulto provocado por el clero; la ínsula Pancha y su faro, y a menos de legua, el puertecillo de Rinlo, que tanto atrae por un bar de tapas en el mismo puente; y más adelante por caminos costeros la prodigiosa playa do Castro, como anticipo de esa sorprendente de As Catedrais, de tanto turisteo que reservas precisa, por su invasión de hoy y hace dos décadas apenas hollada; otras playas hasta Foz, casi rectilíneas, como Reinante. En Foz, la playa urbana da Rapadoira, como si allí hubiese restos de alguna rapa das bestas, que por acá tradicionales; se la conoce por la playa de Lugo. La costa continúa sorprendiendo, aunque no tanto, porque ahora de casi masiva invasión de veraneantes. Un castro marítimo, el de Fazadouro, indica asentamientos en la prehistoria, poco después de dejada la que fue sede de la mindonense diócesis, la iglesia de San Martiño, antes de que en Mondoñedo catedral hubiese. Por acá aun resuenan las malandanzas del mariscal Pardo de Cela que combatió a Os Irmandiños (revuelta contra los abusos de los señores de horca y cuchillo) y fue ajusticiado en Mondoñedo por desacato a la autoridad de los llamados Reyes Católicos, al que algunos señalaron como paladín de la independencia galaica. Burela suena mucho y a su fama responde como gran puerto atunero del hispano norte, cuando por costeros caminos nos vamos acercando a San Cibrán, por el litoral, que por el interior dicho Cibrao, que desde hace poco capital municipal, que se segregó de Xove, como Mondariz-Balneario de Mondariz villa, ligado a la gran factoría de aluminio antes Alúmina Aluminio y ahora Alcoa, en laboral conflicto por su supervivencia. El pueblo es como peninsulilla, con su faro, sus protectores farallós y su tradición de A Maruxaina, esa maga que puede ser indultada o condenada, según la protección o no que haya dado a las gentes de mar. Un nombre precioso para un llamado Portihno de Mourás, y una rada para otro, Portocelo, que pareciere como antesala del cielo, cuando el mar cercano se pone a roncar en la, con propiedad, llamada Ponta Roncadoira, con un litoral escarpado, que presenta su máxima altitud en el monte Faro, centinela de la Ria de Viveiro, en el estuario del Landro, que tiene en el puerto de Celeiro, el más importante merlucero del Norte.

Han puesto en la lista de apetecible lo que hasta hace muy poco casi ignorado, O Fuciño do Porco, que ahora se explota para un turismo que por masificado debe solicitar vez. San Román del Valle tiene otra playa con sistema dunar de altura, y si continuásemos pegados a la costa, veríamos la Isla Coelleira, que conejos tuvo, ahora ni uno, escenario de alguna sangrienta incursión de un “noble” mariñano que entró a hierro para aniquilar a los monjes de una reducida comunidad. Una playa de moda, Xilloi, en un recanto entre montañas, y más adelante, dos playitas, la de San Lourenzo y Caolín, que así por su blancura. O Vicedo donde sucumbe a Mariña al borde del río Sor, en la ría de Estaca de Vares, escenario, como todas las costas, de innúmeros sucesos, donde se señala la imaginaria finitud del Cantábrico que se resiste con olas embravecidas en el afilado cabo de Estaca de Vares, donde estuvo ubicado el primer parque eólico de Galicia, hoy desmantelado.

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