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La pandemia generó un desgaste emocional que ya se hizo visible en las unidades psicológicas y psiquiátricas de Ourense. Los pacientes de salud mental que durante la pandemia no acudieron a sus revisiones habituales regresan ahora y se encuentran con los nuevos, generando así que la afluencia en las unidades psiquiátricas sea frecuente. La psicóloga clínica Yolanda Castro afirma que este aumento no fue súbito sino que comenzó en 2012, tras la crisis económica. “Entonces ya se veían necesidades de atención, pero la pandemia y la postpandemia agravó este problema que ya estaba ahí”, señala.
Los psicólogos también reconocen un incremento: en las clínicas privadas muchos relatan que han visto crecer su flujo de pacientes en los últimos años.
En consulta, la mayor subida fue la de pacientes infantojuveniles por lo que en 2021 se creó la Unidad de Atención Intensiva al Adolescente. En solo un año ganó más de cien pacientes, con previsión de que continúen incrementándose. Pero, ¿por qué se da esta subida de casos en edades tan tempranas?
El jefe de Psiquiatría del CHUO, Luis Docasar, señala que es “por el empoderamiento de los jóvenes”. El mayor grado de libertad que tienen en el presente “ha generado en ellos más angustia, más frustración y un descubrimiento más temprano de la realidad. También influyen las redes sociales, que potencian la inmediatez y los complejos y las drogas, cada vez más comunes en estas edades”, explica el facultativo.
Paralelamente, crecieron las hospitalizaciones con mayor incidencia de personas de la tercera edad.
La ansiedad, las autolesiones -como los cortes-, cuadros de estrés laboral o los trastornos de la alimentación son algunas de las patologías que se ven en consulta. Sin embargo, es la depresión la que presenta mayor incidencia.
En redes sociales se habla más que nunca de salud mental. Post, tuits o vídeos online explican y diagnostican los problemas de esta índole, no solo por parte de médicos sino también de otros usuarios. Para el jefe de Psiquiatría, Luis Docasar, “aunque en el mundo de la salud dedicamos mucho tiempo a divulgar, en los márgenes de esta comunicación se mueven los engaños y las “fake news”. Sin embargo, no deja de ser positivo que se hable de salud mental”, indica el médico. “La gente quiere venir a las consultas de salud mental y es porque en los foros de decisión cada vez está más presente”, explica. Además, añade que “se puede convivir con la desinformación porque los usuarios cada vez son más listos y tienen mayor capacidad de decisión”.
Los jóvenes universitarios o aquellos que finalizaron sus estudios recientemente se han visto abrumados por la precariedad laboral en tiempos pandémicos. Es el caso de Carolina que terminó la carrera en 2020: “Día sí, día también me faltaba el aire pensando en que iba a estar desempleada. Al final lo conseguí, pero fue entonces cuando acudí a consulta porque el agobio constante no me abandonó”. A Ana, otra joven, también le cambió su forma de actuar: “Me volví loca pensando en que podría contagiar a mi familia y entré en una espiral de agobio y no salir de casa. Tenía miedo constante y empecé a dormir menos. Quise ir al psicólogo pero nunca lo hice”.
El término “generación de cristal” -un material que se rompe con facilidad- se utiliza a menudo en internet para describir a la generación nacida a finales de los 90 o a partir del año 2000. No son palabras desconocidas para los profesionales del mundo de la psiquiatría y la psicología que, además, tienen una opinión sobre el tema. El psiquiatra Luis Docasar afirma que “es un mito” que las nuevas generaciones sean menos fuertes. Señala que no es necesario pasar hambre para saber lo que es el hambre: “Vivimos tiempos diferentes y jugamos con las cartas que tenemos, pero como generación no es más débil que otras. Es común criticar al último joven que llega, pero ya solo en consulta vemos que no es así, por ejemplo, que llegan estudiantes mucho mejor preparados y sanos que en otras épocas”, opina.
Por su parte, la psicóloga Yolanda Castro señala que hay varias posibilidades: “Es una generación nacida en un estado del bienestar, por lo general pasaron una vida de necesidades cubiertas. Sus padres adaptaron dentro de ellos la crianza dentro de sus posibilidades y sus hijos arrastraron una forma de entender la vida con lo básico cubierto, mayor conocimiento y una mayor educación en aspectos emocionales”, relata. Por ello, ve lógico que esta nueva generación no esconda su malestar emocional, sino que lo muestra y pide ayuda. “¿Nos hemos hecho más frágiles o estamos más preparados para afrontar el malestar de la vida diaria? No lo sabemos”, indica.
La pandemia rompió la sensación de seguridad. “Puso delante de toda la humanidad la posibilidad de aniquilación”, lo que también derrumbó ese hipotético estado de bienestar en el que creció la generación de cristal, indica la psicóloga.
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