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A pesar de los fallecimientos provocados por la pandemia, el primer semestre de 2020 no se encuentra entre los de mayor mortalidad durante la última década en Ourense. Pero la crisis demográfica que atraviesa la provincia le acerca cada vez más al precipicio. Así lo demuestra cada nueva actualización de los datos. El Instituto Nacional de Estadística acaba de hacer públicos los nacimientos y defunciones registrados durante el primer semestre de 2020, el primero post-covid, y no hay lugar para el optimismo. Son los peores resultados de la década para un semestre, ya sea el primero o el segundo del año, y tanto en lo que respecta a nacimientos como en cuanto al saldo vegetativo (resto entre nacimientos y defunciones). Debemos remontarnos a 2010 para recordar cuando nacían en la provincia más de un millar de bebés cada seis meses, porque la caída en picado avanza de forma constante y parece no tener fin.
A falta de conocer la balanza migratoria, que es la que normalmente atenúa la sangría demográfica, Ourense pierde, según los últimos datos, 10 habitantes al día, 1.822 por semestre. Como nota positiva, la negatividad extrema de este saldo vegetativo se debe a los escasos nacimientos. A falta de conocer la incidencia de la pandemia en 2021 y el resto de 2020, la realidad es que el comienzo del pasado año no se encuentra entre los de mayor mortalidad histórica. Se registraron más defunciones en 2018, 2017, 2015 y 2012. En cuanto a 2020, el mes más dramático del que se disponen datos fue abril, con 477 defunciones (218 varones y 259 mujeres). n
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