SEGURIDAD ANTE ROBOS
Cálices y cruces bajo llave: el Obispado de Ourense blinda su patrimonio
Reportaje
Después de viajar y vivir en diferentes países, así como en la capital madrileña, el ourensano Carlos López y su pareja, Beatriz de Mesas, natural de Extremadura, decidieron apostar por la villa limiana, en donde se acaban de empadronar recientemente. La posibilidad de teletrabajar les ha abierto las puertas de la vida tranquila y rural que les ofrece el entorno de la villa de Xinzo, allí tienen una vivienda familiar. "Os meus primeiros anos de vida paseinos en Xinzo, pero os meus pais marcharon para Ourense. A partir de aí, sempre estiven fora, en universidades de fóra de Galicia. Tampouco traballei aquí nunca. Volvía polo verán algunha vez, pero pouco máis", recuerda este joven de 31 años, traductor de profesión. "Cando rematou o confinamento, o pasado mes de xuño, pasamos un mes cos pais da miña moza en Extremadura e, despois, viñémonos aquí a Xinzo. Miña nai sigue vivindo en Ourense. Logo de botar un tempo nesta zona decidimos que non se estaba nada mal e, pensando en novos confinamentos e tendo en conta que en Madrid sería máis complicado saír, facer deporte... Aquí temos bastante espazo para iso", añade. Carlos y su novia Beatriz no tienen claro su destino pero, de momento, pasa por vivir en la villa antelana. "Gústanos a liberdade. Temos unha horta e sacamos moitas cousas da finca. Estamos comendo moi san e temos moito espazo para facer as nosas cousas", cuenta.
María José Yravedra vino de su Madrid natal, donde desarrollaba su profesión como arquitecta, a la Ribeira Sacra "hará unos 17 años, cuando nadie hablaba de Parada de Sil; ahora ya no me considero de fuera, tengo raíces". Doctora en Arquitectura y enóloga, escribió un libro sobre arquitectura y paisajes del vino, "del que se hicieron varias ediciones, y el editor me ofreció hacer otro sobre paisajes del vino. Cuando vine a la Ribeira Sacra para documentarme me quedé impactada", reconoce Yravedra.
"Compré una pequeña viña centenaria, con una casita. Luego hubo un vecino que me dijo que tenía una casa en ruinas, eran cuatro piedras, sin cubierta, y emprendí con mi marido esta aventura en un lugar inhóspito y abandonado. Empecé a rescatar viñas abandonadas y hoy somos una bodega que está exportando y ganando premios. Vivo ya por y para este proyecto, con tres empleados fijos".
Ronsel do Sil es la bodega, en plena Ribeira Sacra, y este año alcanza su décima vendimia. "Precisamente ayer di una cata en la Unión de Catadores Españoles en Madrid de dos marcas diferentes de las 10 añadas y quedaron muy sorprendidos de lo que hemos sacado adelante", señala Yravedra. "Todo esto se pudo hacer gracias a nuestros ahorros como arquitecta. Ahora yo estoy aquí al cuidado de este proyecto, mientras mi marido sigue con el estudio de arquitectura en Madrid", añade.
Se acaban de comprar una casa en Fontefría (Amoeiro). "Vivíamos en Chantada, pero en pleno centro, y nos dimos cuenta al tener hijos de que necesitábamos un casa con jardín. Ahora alternamos las casas, pero la idea es quedarse ya aquí", explica Santiago Argiz, que se ha instalado junto a su mujer, Elisabet Fernández y sus dos hijos, Andrés (ya integrado en la vida del pueblo, donde se apuntó a patinaje) y Helena. ¿Por qué Amoeiro? Santiago quería ir al pueblo y miró hacia atrás. "Tengo 37 años, ya hace 25 viví tres años en Amoeiro, porque mi padre era médico y estuvo destinado allí. Guardaba muy buenos recuerdos y la casa en la que ahora vivimos la conocía de verla en mis paseos en bici de pequeño", explica. "Es cierto que no hay muchas viviendas en buen estado para elegir. La que compramos llevaba 12 años cerrada y hubo que hacer reformas. Estamos encantados, la gente es muy amable", resalta él, al tiempo que destaca que al tener negocios en Chantada, Verín y Ourense, Amoeiro es el intermedio perfecto.
Daniel Colebouf reside en la aldea de Soulecín (O Barco de Valdeorras) hace varias semanas. Casado y con dos hijos, no habla español ni gallego. Llegó guiado por un amigo que tiene sus orígenes en el pequeño núcleo barquense de 12 habitantes. Abandonó la zona de Bordeaux, próxima al Atlántico, buscando tierra para trabajar. Colebouf es agricultor y explicó que "he venido a Galicia para instalarme en una zona rural".
A unos dos kilómetros de la villa encontró el terreno más adecuado para desarrollar sus planes y ya empezó a trabajar en ellos después de adquirir una casa, que comenzó a reformar. "En Francia no hay tierra para cultivar y aquí sí es posible y fácil", comentó. "Vine para instalarme porque en Francia no hay medios. Allí, la tierra es muy cara y no es buena. Yo vine aquí para trabajarla", insistió. En el poco tiempo que lleva en el pueblo ya logró integrarse, a pesar de la dificultad que supone desconocer el idioma.
Baltasar Caramés y Raquel Gómez nacieron en México pero desde hace 17 años residen en Galicia, primero lo hicieron en Pontevedra y después en la ciudad de Ourense, en donde regentaban un hostal. Ahora acaban de comprar una casa en Boborás, que están rehabilitando para irse a vivir al rural. "En la actual situación no se puede mantener en funcionamiento el hostal, así que tomamos la decisión de irnos al rural. Buscamos una casa con finca porque nos gustan mucho los animales y la encontramos en Boborás, en donde tenemos muchos conocidos", declara Baltasar Caramés. Así,cambian de forma de vida, dejando la ciudad, y además también cambian de profesión. "Mi mujer trabaja de administrativa desde casa y yo tengo en proyecto poner en marcha una explotación ganadera. Conozco el oficio, porque mi padre era ganadero en Pontevedra. Lo que nos ha motivado ha sido la actual situación y pienso que con el encierro estamos recuperando el amor por el campo y por eso hay mucha gente que se traslada al rural", concluye.
El coronavirus ha sido la gota definitiva que provocó un cambio de vida de Juan Chamorro y Teresa Velázquez, un matrimonio madrileño que desde verano reside en A Canle (Lobeira), a donde llegaron sin lazos familiares y sin conocer Ourense. "En Madrid no teníamos expectativas laborales y la vida es muy cara. Así que tiramos de los ahorros y, tras buscar por internet una casa en el norte, invertimos aquí. Es otra forma de vida, aquí no gastamos nada y en Madrid ponías un pie en la calle y ya era gastar", relata Juan Chamorro, quien hace un año y medio ni se hubiera imaginado desbrozando o cortando leña. "Huerta todavía no nos ha dado tiempo a poner, pero no ha hecho falta porque los vecinos nos han dado de todo", señala muy agradecido por la acogida en A Canle, donde a sus 57 años son los jóvenes del pueblo con ocho residentes. "En Madrid solo conocía a mi vecino de enfrente en un bloque de siete plantas, aquí el primer día ya los conocimos a todos y de pueblos de cerca", asegura sin querer oír hablar de una hipotética vuelta a la ciudad, donde aún residen sus hijas. "Teníamos que haberlo hecho antes", resume sobre su cambio de vida.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
SEGURIDAD ANTE ROBOS
Cálices y cruces bajo llave: el Obispado de Ourense blinda su patrimonio
PRODUCTO INTERIOR BRUTO
El PIB ourensano crece por encima de la media nacional
INFORME AUTONÓMICO
A Saínza aspira a ser de interés turístico nacional
Lo último