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La familia Fernández Nieto disfruta y presume de vivir en la villa de San Rosendo, cabecera comarcal que mantiene los principales servicios administrativos. “Vivimos en Celanova desde que nos casamos; antes vivía con mis padres en Carfaxiño (a tres kilómetros)”, relata Sonia Nieto, que no cambia por nada la tranquila y apacible residencia en la villa. “Es un sitio pequeño, cómodo y tranquilo, donde todo el mundo te conoce y donde los niños (sus hijos tienen 11 y 14 años) pueden salir solos a jugar a la plaza. Como madre, estás más tranquila porque todos nos conocemos”, confiesa esta amante de las manualidades y de la naturaleza, de la que disfruta dando paseos por el entorno celanovés. Vivir y trabajar en el mismo lugar les permite pasar más tiempo en familia, algo que sería más complicado en una gran ciudad. La oferta cultural, que se multiplica en verano al igual que la población, la deportiva y las comunicaciones -a 20 minutos al centro de Ourense y a 18 del polígono de San Cibrao por la autovía AG-31-, son otras de las razones que daría a los urbanitas para que se mudasen a Celanova, sin olvidar la comercial. “Aquí tenemos de todo: supermercados, tiendas de ropa y calzado, óptica…”, sonríe al citar su puesto de trabajo.
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