Ourense no tempo | Palacio Luminoso (1907): Sr. Agar

LEMBRANZAS

En esta entrega de Ourense no tempo Rafael Salgado nos habla de Palacio Luminoso (1907): Sr. Agar.

Ourense no tempo.
Ourense no tempo.

Habíamos dejado la historia con la marcha del Sr. Pinacho hacia Vigo, pero con la promesa de volver en diciembre; no fue así. Aunque Pinacho volvió a Ourense, fue varios años después. Sin embargo, no dejó a su público y amigos abandonados. Creo entrever en los datos que cuenta la prensa de la época que Pinacho encontró en Vigo un público tan interesado como el ourensano en disfrutar de sus espectáculos, pero con el aliciente de que los espectadores lo doblaban en numero; era algo contra lo que no se podía luchar. Pinacho no vino en diciembre, pero facilitó que un empresario del sector ocupara el puesto en nuestra ciudad. Y así fue como en octubre de 1907 abre en Ourense el Palacio Luminoso.

Interior del salón Apolo en 1920. Muy pocas diferencias habría con los que lo precedieron, Ilusión, Luminoso, Pinacho…
Interior del salón Apolo en 1920. Muy pocas diferencias habría con los que lo precedieron, Ilusión, Luminoso, Pinacho…

Tenemos que asumir que en aquellos comienzos se funcionaba por temporadas, y a eso habría que añadir un dato que nos habla de los negocios de entonces. Para demostrar que “casi” todo estaba inventado, descubro que el solar de los hermanos Paris, en la esquina de Paseo con Alejandro Outeiriño -de aquellas Paz Novoa con Alba-, había sido alquilado por el señor Balvis, a quien muchos de mis lectores recordarán como propietario de la Eléctrica (algún día tendré que dar un vistazo por sus negocios). Este era realmente quien cedía el solar para que los empresarios del espectáculo realizaran la temporada en la ciudad.

Cartel original modificado con IA.
Cartel original modificado con IA.

En la temporada que cubría mayoritariamente el año 1908, fueron los señores Agar y Minuesa quienes asumieron el riesgo, aunque inteligentemente mantuvieron buena relación con Pinacho. Esto facilitaba la contratación de figuras del espectáculo de mayor caché, al asegurarles contratos para la importante plaza de Vigo y para la suficientemente rentable de Ourense. Lo mismo que se podía negociar con los distribuidores una mayor cantidad y calidad en las cintas cinematográficas. De hecho, según avanzo en mis investigaciones encuentro frecuentes relaciones entre todos los empresarios, Sanchís, Pinacho, Agar, Gil, Barbagelata, etc.

(Un apunte. No es que sea importante, pero para los meticulosos diré que en alguna ocasión la barraca se abría hacia la calle Alba, Luis Espada o como se llamara en el momento, y otras veces la entrada era por Paseo, Paz Novoa).

El éxito de aquellos momentos de la exhibición cinematográfica se basaba en la cada vez mayor calidad y duración de las cintas, acompañada de los avances en cuanto a calidad de los proyectores.

Los periodistas de la época califican como de gran pureza las imágenes del cinematógrafo de Pedro Agar, así como la poca oscilación entre fotograma y fotograma, que hacía que se apreciaran las vistas con mayor nitidez.

Y también hay que decirlo, la especialización de los narradores de las películas, en algunos casos auténticos artistas, polifacéticos actores, cantantes, cómicos, le daban a todos los palos. En 1908 era Enrique, todo un personaje en la ciudad. Se apuntaba en todas las rondallas que lo requirieran llamando la atención su arte entonando jotas y habaneras.

7 de julio de 1912. El Miño.
7 de julio de 1912. El Miño.

Completaba el cóctel la elección de buenos artistas que en ocasiones atraían a más público que las cintas. Ese fue el caso de Ernesto Foliers, quien según cuentan fue el primer transformista español en triunfar por su calidad. En 1907 comenzó a trabajar en el mundo del espectáculo acompañado de su esposa, y en 1909, antes de haber alcanzado el zenit de su carrera, ya se paseaba por el Palacio Luminoso para deleite de los ourensanos. Tenerlo a él en el escenario era como contemplar a la Fornarina, la Chelito, la Bergés, o la mismísima Goyita. Foliers en su tiempo fue uno de los más grandes del espectáculo.

Pero retomemos la historia del Palacio Luminoso. En aquel 1907, la inauguración contaba con un estreno de entidad, se trataba de la primera versión para el cine de “Genoveva de Bravante”. Al día siguiente se podía disfrutar la proyección de otro clásico del que se harían multitud de versiones “Le petite Poucet”, para que lo entendáis, se trataba de “Pulgarcito”. Y para que no haya dudas de que se trabajaban guiones que dejaron huella, otra opción de cine de estreno en esos días, fue “Ben Hur”, ¿os suena?

Al final fue una etapa de las más largas en la esquina del Paseo, prolongándose hasta la temporada de 1911 la existencia del Palacio Luminoso. Cierto que desde marzo del 10 decayó un poco el interés, e incluso la empresa cedió sus derechos en el local a los jóvenes de la sociedad Club Orensano, que mantuvieron hasta junio las actuaciones de una compañía de zarzuelas. Después del habitual parón veraniego, el Luminoso continuó una temporada más, pero no fue precisamente la mejor. Las películas generaban críticas por la frecuente escasez de ropa de las artistas, y aunque en el Luminoso no ocurría, en el Teatro se puso de moda el lanzamiento de octavillas políticas durante el espectáculo, lo que incidió en el descenso de público en las salas.

Tal vez habría que recuperar la Ilusión del Palacio de Pinacho, porque el Luminoso no brillaba igual.

¡Y ocurrió! Pinacho regresó a Ourense inaugurando sala el día de san Martín de 1911. Su nombre ya era garantía de espectáculo, y por ello se llamó Salón Pinacho. Con él preparó el terreno para otro empresario, que a muchos ya os sonará: Eduardo Barbagelata inauguraría en el verano de 1912 su Cine Moderno. Por primera vez serían dos salas fijas las que exhibirían cine en la ciudad. Pinacho retomaba el nombre de Palacio de la Ilusión y Barbagelata abría su Cine Moderno, del que por fin os puedo confirmar dónde se ubicaba: Paz Novoa 3, donde muchos recordamos Almacenes Celestino y hoy está la multinacional H&M. Lo que no me pidáis es que escriba el nombre completo que tenía la sala, leedlo en el recorte de prensa que acompaña el texto y opinad, ahora entiendo por qué todos lo conocían como Barbagelata o Moderno.

1906, la película “El joyero del Rajah”.
1906, la película “El joyero del Rajah”.

Si tenéis curiosidad por ver cómo eran las películas que entretenían a nuestros bisabuelos, copiar este enlace en vuestro buscador y podréis disfrutar de la película de 1906: El joyero del Raja.

Ya no se trataba de imágenes encadenadas, sino que se veía un movimiento fluido, e incluso se atrevían con los efectos especiales, que para ser honesto, a pesar de su simplicidad aparente, no dejaban de ser una auténtica maravilla para los medios con los que contaban, y más si tenemos presente que ya hablamos de metrajes de 1.500 metros o más. Por cierto, no olvidéis que existía el papel del narrador, imprescindible para seguir el hilo de la película.

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