Ourense no tempo | Primeros pasos del cine en Ourense: el Gilago

LEMBRANZAS

En esta entrega de Ourense no tempo Rafael Salgado nos habla del plano del Gilago

Ourense no tempo.
Ourense no tempo.

Hace tiempo que publiqué tres artículos intentando resumir la historia de los cines en la ciudad, y ya advertía que los comienzos estaban necesitados de una gran ampliación. Hoy creo que puedo aportaros nuevos datos pero no va a ser posible hacerlo en un solo artículo por problemas de espacio. Con tal motivo comenzaremos así este nuevo año esperando que sea “de cine”.

En el primer artículo de aquella serie (30 de marzo de 2019) os recordaba que todo había comenzado con lo que se denominó “pre-cine”, y que no eran más que vistas fijas. Cierto es que el público se sorprendía al ver esas imágenes estáticas, aunque no le resultaban conocidos ni rostros ni escenarios. Habría que acostumbrarse a entender cómo se podía pasar cualquier imagen al papel.

No tengo fotografías que os pueda mostrar, pero este rudimentario montaje servirá para hacerse una idea de las barracas en Bispo Cesáreo.
No tengo fotografías que os pueda mostrar, pero este rudimentario montaje servirá para hacerse una idea de las barracas en Bispo Cesáreo.

Es en 1880 cuando gracias a Pepe Adrio sabemos que un vecino de Tamallancos, apellidado Pelúdez, instalaba en la Alameda una barraca donde mostraba una colección de vistas. A Pelúdez le siguieron otros exhibidores, entre los que destacó el que, representando a la empresa Lumiere, se instaló un breve periodo de tiempo en el entorno de los jardines de Bispo Cesáreo.

Estaba ya terminando el siglo XIX y aún no se podía afirmar que Ourense tuviera una sala de exhibiciones, ¿o sí? Dejaré que cada uno decida qué se puede entender por sala estable, y os lo explico. Desde ese 1897 en que la empresa Lumiere nos visitó, fue casi constante el paso de “empresarios” que montaban sus barracones por más o menos tiempo en la ciudad. No es fácil indicar un orden: Isidro Pinacho García y el apellido Pacheco (Jaime, seguro, pero también José es “sospechoso”) fueron de los más interesantes y, junto a ellos, empresarios que ubicamos con más asiduidad en otras provincias, lo que corrobora el continuo trasiego de profesionales: Águeda García (Coruña), Cinematógrafo Modernista Leonés, Empresa Vázquez Iglesias (Celanova), Sanchis (Vigo), etc.

Todos ellos se enfrentaban a multitud de problemas. Ya no solo había que contar con un cinematógrafo, que no abundaban, sino que había que tener un buen archivo de películas, la mayoría con duraciones de 4 a 5 minutos, que era lo que permitía un rollo, y las que ya querían tener argumento requerían de varias cintas con el engorro de sustituirlas durante la proyección. De todas maneras, hablamos como mucho de películas de 18 a 20 minutos. De esta manera, aun disponiendo de varias cintas, en pocas representaciones se veían todas.

Lo que es de justicia reconocer a estos pioneros fue su tenacidad, y principalmente no cejar en el empeño de mejorar el espectáculo buscando hacerlo rentable. Una de las mejoras que se hicieron notar fue la inclusión de lo que se llamaba charlatán, locutor o explicador, que no era otra cosa que un personaje que introducía al espectador en la trama de las imágenes que iban a ver. La escasez de imágenes se suplía con la imaginación del público. Anteriormente era un locutor que, de manera monótona, presentaba los cuadros: “Salida de misa la mañana del domingo”, “Catedral de tal sitio”, “Puente de tal otro”…

La sorpresa de ver esas escenas estáticas por sí sola tendría caducidad. Otra innovación fue la de adquirir aparatos que reproducían sonido. Al piano le sustituyó el piano-órgano que, cuando se pudo, se automatizó; eran raros inventos de nombre impronunciable, probad con “orquestofrón”.

Se seguía buscando ya no entretener, sino enganchar al público, y así fue como comenzó a simultanearse en las proyecciones la actuación de algún artista, mayoritariamente “cantatrices” (término ya utilizado en 1903), aunque se aceptaba cualquier artista que tuviera breves “sketches”, magos, cómicos, etc.

Sabido esto vamos a recuperar los datos de cómo fueron aquellos comienzos en nuestra ciudad. Los primeros exhibidores tenían un punto en común, y es que era la Huerta del Concello (jardines Bispo Cesáreo) el lugar escogido para su instalación, que rara vez pasaba de los dos o tres meses y casi siempre era más breve. Hubo alguna ocasión en que el teatro de la calle de La Paz acogió a uno de esos empresarios para realizar sus exhibiciones, pero no era frecuente.

De entre estos exhibidores, Pelúdez y el representante de Lumiere fueron de los primeros, pero tengo ahora la seguridad de una asociación original, me refiero a la que formaron el periodista y escritor Francisco Álvarez de Novoa con el fotógrafo José Pacheco (¿o era ya su hermano Jaime?, en los datos que manejo sólo se cita el apellido, con lo cuál la duda…). Fue en 1902 cuando se formó esta sociedad, instalándose primero en la ciudad para posteriormente desplazarse a las villas, ¡Celanova los acogió durante un mes! Dado el éxito obtenido, en verano se desplazaron a Braga, donde de nuevo triunfaron. El éxito de Pacheco se cimentaba en la inclusión de vistas originales de la ciudad y gentes de donde se hacían las exhibiciones. Habrá que buscar las imágenes de ese 1902 que recogen las fiestas de la ciudad, rincones y gentes ourensanas; quizás algunos ya sean conocidos pero no sepamos datarlas o asociarlas a esas exhibiciones.

Las de toros es más que probable alguna sea de ese año, pero habrá que buscar las que mostraban balcones de la plaza, salida de misa, algunas quizás. Por ahora desconozco las causas, pero después de ese año de gran actividad, Álvarez de Novoa se desplaza a Barcelona para adquirir un nuevo proyector y Pacheco pasa unos días en Oporto aprendiendo a mejorar el manejo. Pero al año siguiente no se sabe que tuvieran actividad.

Fotógrafos en los toros y salida de misa. Dos posibles vistas de aquellos años, el aliciente de verse en la foto…
Fotógrafos en los toros y salida de misa. Dos posibles vistas de aquellos años, el aliciente de verse en la foto…

Llegamos así al 1904, y por primera vez es el solar de los Paris, en la esquina de Alba con Paz Novoa (Paseo) es el escogido para instalar la barraca. Fue doña Águeda García, quien ya había triunfado en A Coruña con sus exhibiciones, que acompañaba con un piano órgano “electro-motor”, la que estrenaba tan “cinematográfico” solar.

Sin embargo, sería poco tiempo después, en mayo de 1905, cuando conocemos el primer local estable con exhibiciones de cine. Es ciertamente un edificio con mucha historia, ya que entre sus usuarios estuvo el conocido negocio de los García “Chantada”, que habitaban también la primera planta, y los Reinlein-Zarauza (creo que propietarios), los Suárez-Noguerol… y actualmente domicilio de un reconocido empresario ourensano (J.D.) que después de adquirirlo lo ha renovado respetando al máximo su estética, algo de agradecer. Os hablo del que era número 7 de la calle del Instituto. (De aquellas el Liceo era el 9, número que aún conserva en su fachada). En mayo, la empresa Sanchis, habitual en Vigo, se traslada a Ourense y acondiciona el local de Instituto 7; lo utiliza durante un mes escaso y en noviembre reabre con intenciones de estabilidad el: Cinematógrafo Gilago.

Hoy Lamas Carvajal número 3, y en 1905, Instituto 7.
Hoy Lamas Carvajal número 3, y en 1905, Instituto 7.

Con ese nombre es fácil pensar -a mí se me pasó por la cabeza- en la presencia de José Gil como parte de esa empresa, pero puedo confirmar que no era así. Se trataba de un empresario apellidado Gil Martínez. Nada que ver con la sociedad de dos grandes de la fotografía en Galicia: José Gil y Jaime Pacheco.

Ya puestos a especular y abrir vías de investigación a los expertos, me atrevo a insinuar que de alguna manera Jaime Pacheco respetaba a su hermano José y consideraba que Ourense era cosa suya.

Al final, esta sala de cine tuvo una historia breve, pero bien podría ser considerada la primera fija en Ourense. Continuará…

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