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Europa era un hervidero ideológico en los años previos a la I Guerra Mundial. España mismo era tanto un criadero de “Brutos” como un semillero de grupos antirrevolucionarios. Los primeros acusaban a los segundos de masones; y estos, a su vez, a aquellos de jacobinos. Unos y otros, solo atendían a reproches. Con tal caldo de cultivo tampoco resultó extraño que el movimiento juvenil -Boys Scouts- que idea en 1907 Baden Powell echase raíces, también aquí en la provincia.
Lo que estaba claro era que en el imperio inglés había tenido tal impacto que, en seguida, el rey Eduardo VII le ordenaba a su oficial abandonar el ejército para ponerse al frente de aquella organización que no paraba de crecer. Y, ya, un año después de patrocinar Jorge V el movimiento de 1911, que concentraba a 26.000 jóvenes en Inglaterra, también enraizaba en España. “En cada niño -decía Benavente- nace la humanidad”, y, por lo tanto, sólo una juventud patriótica podía levantar al país de su marasmo. En este escenario de regeneración, Iradier, un militar amigo de Alfonso XIII, trata de trasladar el modelo británico a la realidad española. Funda Los Exploradores de España. Con todo, la coyuntura política que subyacía en el país, inducía a recelar de cualquier institución. Unos, se empeñaban en etiquetarlos de nuevos requetés o jaimistas; otros, desde el propio seno de la iglesia, criticaban su carácter aconfesional, pese a que, en la práctica, el prelado era miembro honorario de estas agrupaciones que crecían como setas por el país. Lo cierto era que, las tres palancas -término reflotado, hoy, por instituciones que se dicen innovadoras- del movimiento del vitoriano Iradier recordaban, quizás, a su pesar, el lema carlista “Dios, Rey y patria”. El amor a Dios, el respeto al jefe del Estado y el acatamiento a las leyes de la nación, era innegociable para quien desease formar parte de aquella institución que arraigaba, pronto, en Ourense.
En efecto, en 1912, recién aprobados los estatutos y el reglamento de la Asociación Exploradores de España, hacen su aparición en la ciudad de las Burgas, los Exploradores Ourensanos. Era uno de los cinco primeros grupos que aparecía en España, tras los constituidos en Vitoria, Huesca, Barcelona y Soria. El banquero, Pedro Romero Cambón, asumía la presidencia efectiva de una Organización que, en esencia, quedaba constituida por tres secciones dirigidas por prestigiosas figuras de la administración auriense. El capitán Martínez Monje se encargaba del departamento de “Propaganda y recursos”, el doctor en medicina Bécares, de la “Organización”, y el catedrático Eloy Luis André, de “Instrucción”. Todo se ponía al servicio del movimiento. Incluso, se aprovechaban las fiestas de Los Remedios, para autofinanciarse. El explorador Luis Cid organizaba un torneo de fútbol donando el trofeo, con el objetivo de recaudar fondos para comprar los trajes de los Scouts, que por falta de recursos no podían adquirirlos. Entretanto, el pañuelo de grupo y bordón, e, incluso el morral, era su distintivo.
En poco tiempo, más de un centenar de jóvenes se presentaban en el salón de sesiones del ayuntamiento de Ourense ante un tribunal que juzgaba la aptitud de los aspirantes. Superada la prueba y prestada la promesa individual, los aprobados eran proclamados exploradores de tercera. Se declaraban aptos para prestar la promesa colectiva en febrero de 1914 que se verificaba en la Alameda, bajo la presidencia del obispo Ilundain. El Prelado auriense al igual que el cardenal Primado, Aguirre, consideraba laudable la institución. Y, en un acto solemne al que asistía una nutrida representación de scouts de Galicia, y, todo un elenco de personalidades de la ciudad, la tropa Exploradores Ourensanos - instructores, sub-instructores, abanderado, plana mayor, ciclistas, cornetas, tambores, sanitarios y exploradores de línea-, asistía a la misa de campaña y recibía del alcalde, Taboada, la bandera bordada por la esposa del banquero, Pedro Romero. La enseña no era un signo más de su identidad. El propio Comité de los exploradores de la capital del Lérez valora tanto este símbolo que acordaba nombrar socia protectora de la Asociación patriótica de Los Exploradores de España, a la ourensana, Berta Varela, por la donación que le había hecho de la bandera de seda bordada en oro a su unidad.
El “scout” en EEUU había sido el escucha, el centinela o el explorador, en su particular colonización. Aquí, sin embargo, emergía como una institución civil. Es cierto que aunaba principios deportivos, y turísticos. Pese a todo, tampoco estaba ausente el aire militar. En Ourense, mismo, los Exploradores eran convocados en el campo de Aragón, por el capitán Martínez Monje. Luego, realizaban en excursiones a O Carballiño o Ribadavia, ejercicios reglamentarios dirigidos por un instructor. Alguna de estas villas, como ocurre en tierras del Avia, incluso, se atreven a organizar, en mayo de 1916 su cuerpo de Exploradores, compuesto por medio centenar de jóvenes, presidido de manera efectiva por Emilio Gómez Arias, y honoríficamente por el diputado Adolfo Merelles Martel. Ciertamente, al igual que en el resto de Europa el censo de Exploradores, en España, no dejaba de incrementarse, y más, en concreto, a lo largo de los años veinte. No obstante, si bien la primigenia finalidad humanitaria y moral, amén de la educativa, habían sido, innegociables pilares del movimiento, los vientos que soplaron, en el país, a partir de la etapa del Directorio, en más de una ocasión, les hizo perder de vista su insignia, siguiendo más, la dirección de la veleta -según el soplo del viento-, que la de la estrella polar.
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