La Plaza de As Burgas trata de sobrevivir a la ceguera política

Tantos años de trámites y obras en el edificio no han servido para que los gobiernos de la ciudad sepan cómo aprovechar este recurso. No hay plan de explotación ni decisión sobre el entorno.

Publicado: 22 ago 2022 - 04:09 Actualizado: 22 ago 2022 - 07:07
La Plaza de Abastos de As Burgas, todavía sin acabar.
La Plaza de Abastos de As Burgas, todavía sin acabar.

En su toma de posesión como alcalde, Gonzalo Pérez Jácome se definió como un procrastinador al que le gustaba “aplazar las cosas” y, en todo este tiempo al frente del Concello lo ha confirmado en un tema (no es el único) tan sensible y estratégico para la ciudad como es la nueva vida de la Plaza de Abastos número uno, envuelta en una reforma integral desde hace más de dos años y medio cuando el plazo de ejecución era de 18 meses, pero cuya materialización lleva años fraguándose.

Aunque lo pueda parecer, el principal problema en una actuación siempre complicada al ser un edificio catalogado y en un ámbito protegido -han surgido imprevistos que han obligado a modificar cuestiones del proyecto- no es haber sobrepasado el plazo de ejecución previsto en el contrato, una demora además que, según confirman fuentes próximas al proyecto, será mayor ya que los operarios seguirán en el inmueble hasta bien entrado el otoño. No será posible terminarla a principios de septiembre y ya está en el horno una nueva prórroga.

Diagnóstico

Desde hace tiempo, el gran mal que siembra de dudas el futuro de la Plaza de Abastos es la falta de anticipación y la desidia política, algo que queda demostrado cuando a estas alturas y pese a los sucesivos retrasos en la ejecución de la obra del edificio, no existe ningún plan funcional para explotar, conjunta o parcialmente, las tres plantas y el sótano del recinto. Asimismo, tampoco hay tomada definitivamente la decisión de cómo acometer la necesaria urbanización del entorno, ya que a día de hoy sería imposible conceder una licencia para poner en servicio el edificio.

Pese a que más de tres años de este mandato hubieran sido más que suficientes para tener preparados todos los escenarios, la situación actual no es achacable solo al actual alcalde, ya que desde 2015, cuando se concedió la subvención ahora tirada a la basura del Estado para cofinanciar la reforma, ambos gobiernos no han hecho los deberes como se supondría.

Ahora mismo, la patata caliente para Alcaldía es tomar la determinación de si se realiza un modificado del proyecto para acometer una urbanización de mínimos -la opción que parece más probable y que permitiría a la empresa Acciona, adjudicataria de la rehabilitación, ejecutarla en un tiempo razonable según confirman fuentes consultadas- o se prepara algo más ambicioso e integral que requeriría una licitación independiente y más tiempo. Sea lo que sea, la decisión no debería demorarse en exceso.

En este sentido, hay que tener en cuenta que ya existía un proyecto global para todo el ámbito aprobado por el gobierno bipartito de PSOE y BNG liderado por el socialista Francisco Rodríguez, que además de la reforma del edificio incluía la mejora del entorno, un nuevo rianxo o un parking subterráneo. Ese proyecto se desgajó para optar a la subvención del 1,5% cultural, pero en paralelo no se dieron los pasos para completar la intervención, lo que conduce a la situación actual. Fuentes consultadas explican que este trabajo previo ya elaborado serviría para adelantar muchos trámites en la actualidad y encontrar una solución satisfactoria.

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La obra, “de gran calidad técnica” según fuentes próximas a la misma, dejará el edificio “preparado para el uso de un mercado”, todo a la espera de seguir las directrices de ese plan funcional que se hace de rogar para así saber, por ejemplo, si se le quiere dar un uso termal al sótano del inmueble, una idea lanzada al aire por Gonzalo Pérez Jácome, pero que no se sostiene por el momento en ningún proyecto técnico; cómo se realiza la distribución de los puestos, que a diferencia de lo que sucedía en el viejo mercado estarán todos situados en una isla central y no pegados a las paredes, siguiendo así las directrices de Patrimonio; o el modelo del servicio de restauración en principio pensado para la tercera planta.

Sobre las reiteradas quejas de los placeros sobre las deficiencias que, en su opinión, esconde el nuevo diseño del edificio noble relacionadas con la carga y descarga o los problemas de accesibilidad, las mismas fuentes aseguran que “nada de lo que se ha modificado ha sido por capricho y que no habrá inconvenientes para profesionales y compradores”, atreviéndose incluso a asegurar con rotundidad que la actividad comercial será la de un mercado del siglo XXI, mejorando notablemente lo que había antes del traslado provisional a la Alameda.

Daños colaterales

La ubicación del mercado provisional en una de las principales zonas verdes de la ciudad como es la Alameda, afectada desde hace cinco años y sin posibilidad de disfrutar de ella al completo, es otro de las consecuencias que sufre la ciudadanía por la falta de claridad con el proyecto de la Plaza de Abastos, que trata de sobrevivir a la ceguera política. Tomar de una vez por todas decisiones en el despacho noble de la casa consistorial y dejar de escurrir el bulto se antoja como la única solución para que cambien las tornas. Procrastinar más en este tema ya no es la solución.

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