Un recorrido por las aldeas ourensanas y lusas de la Raia: "A fronteira só está no mapa"

Frontera Ourense - Portugal

En 17 municipios ourensanos y siete lusos convive una población más grandeque la de la ciudad: son los raianos, que hacen vida a un lado y al otro de los marcos. La huella del contrabando resiste en la frontera internacional más larga de España.

Así funcionaba el contrabando en Vilarelho, en la frontera entre Galicia y Portugal

En la gasolinera de Feces de Abaixo (Verín), un cartel de fruta a la venta avisa al forastero de dónde está. Naranjas/Laranjas. 5,50 euros. En poco más de 10 minutos, el personal despacha a furgonetas y camiones con la misma dualidad: Gracias. Obrigado. La frontera internacional más grande de España, 219 kilómetros, no se marca. Es sutil. Para sus habitantes, ni siquiera existe. Ourense y Portugal son lo mismo en ese territorio rebelde que es la raia: no se sienten ni de un lado, ni del otro. Son 17 municipios ourensanos que limitan con siete lusos: residen casi 34.000 en los de Ourense (Entrimo, Lobeira, Lobios, Muíños, Baltar, Calvos de Randín, Padrenda, Quintela de Leirado, Verea, Cualedro, Monterrei, Oímbra, Riós, Verín, Vilardevós, A Gudiña y A Mezquita) y 102.000 en los de Portugal (Arcos de Valdevez, Melgaço, Ponte da Barca, Terras de Bouro, Chaves, Montalegre y Vinhais). Mezclados son 136.000 vecinos de frontera: más que ourensanos viven en la ciudad, más que una tercera parte de todos los habitantes de la provincia. “Vamos a ver, nós aquí non somos ourensáns. Somos da raia e convivimos máis con Portugal”, explica el encargado de la gasolinera, Juanjo Feijóo. La mitad de los empleados son portugueses, como Neusa Gonçales, que lleva 12 años trabajando en Verín. “Aquí mestúrase a xente. Iso si, sufrimos moito porque pídennos papeis en España e en Portugal”, cuenta mientras reposta en matrículas de los dos países.

Antonio Fernandes, de Vilarelho, trabaja su tierra en Oímbra (Foto: Óscar Pinal)
Antonio Fernandes, de Vilarelho, trabaja su tierra en Oímbra (Foto: Óscar Pinal)

Al dejar atrás la gasolinera, la carretera habla de otra época más próspera. Los carteles de los bares y negocios antiguos, en portugués y en español, aún perduran en la decadente estampa. Pero casi todo está cerrado. La huella de la despoblación no es ajena a la frontera, aunque los datos del Instituto Galego de Estatística y del Instituto Nacional de Estatística (Portugal) dan una ligera esperanza: los municipios ourensanos de la raia ganaron en 2022 un total de 18 portugueses; los municipios lusos han recibido 69 solicitudes de residencia de españoles. Probablemente, ourensanos.

Llegamos a la aldea de Vilarelho da Raia, en Chaves (Portugal). Según el instituto estadístico luso, Chaves es el municipio con más población extranjera de los siete raianos. Viven 700 extranjeros en Chaves, más de 300 son españoles. Probablemente, ourensanos. Hace un rato eran cerca de las 12,00 y ahora son las 11,00 horas: estamos en Portugal. Por unos metros.

Los contrabandistas

Virxinia, que acaba de comprar pescado al vendedor ambulante que llega a Vilarelho, pregunta: “Non viron o marco á entrada da aldea?”. Es casi imperceptible, así que la vecina anima a dar la vuelta a los forasteros: “Vaian ver a pedra. Cando eu era máis nova xogaba cos pés e dicía: ‘Agora estou en España, agora en Portugal”. Se despide, no sin antes contar que se enamoró de su marido, un viejo contrabandista, en San Cibrao (Oímbra). “Nunha festa meteu gol no fútbol e eu agarreime a el. Xa quedamos agarrados e namorados”. Al recordarle que, entonces, está casada con un español, frunce el ceño, contrariada. “Não. Meu marido é de aquí, aquí é a raia dos contrabandistas”. El pescadero, que lee La Región, pregunta cuándo sale el reportaje antes de seguir la ruta.

Dos clientes en el bar de Vilarelho toman café con aguardiente y vino dulce (Foto: Óscar Pinal)
Dos clientes en el bar de Vilarelho toman café con aguardiente y vino dulce (Foto: Óscar Pinal)

Hasta la frontera nos acompaña Manuel Ramos, otro vecino que fue contrabandista de Vilarelho da Raia. “Eu nacín no contrabando. Había negocio de todo. Tanto para acá como para alá. Eu levei café ata Albarellos e Verín. Como era así novito, gardaba todo nun saco e se me paraban os gardas dicía: ‘Vou buscar algo alí’. Porque nós tiñamos propiedades ao outro lado da raia. Non me pillaron nunca. A moitos apañábanos e aínda lles batían”. En el paseo se encuentra con Joao, que al parecer también era contrabandista. El amigo le insiste, pero Joao, como si volviese a aquella época, miente para escaparse: “Eu diso non sei nada!”.

Después de cuatro anécdotas, ya estamos en el límite entre España y Portugal. Manuel señala con el índice la frontera natural: una pista de tierra, en la que un marco de piedra tiene una ‘E’ grabada a un lado y una ‘P’ al otro, marcan dos aldeas y dos países. Son sus habitantes los que no separan, porque no entienden de lindes.

A lo lejos, un hombre labra una tierra. En un momento sabremos que es Antonio Fernándes, portugués de 81 años. Sorprendido, baja del tractor y llama a su perro Bobby para que le acompañe.

-Vostede está labrando unha terra española, pero é portugués. Non?, pregunto.

-Como? Eu teño a propiedade en España, pero teño todos os documentos dela, eh, desconfía el vecino.

-Non, non. É que estamos facendo unha reportaxe da raia. Por uns metros, vostede traballa unha terra de Oímbra, pero é de Vilarelho. É moi curioso.

-Curioso? E os do Rabal tamén che teñen terras en Portugal. E moitas!, se desternilla antes de volver al tractor.

En el bar

Antes de abandonar Vilarelho da Raia, visita obligada al centro social. El bar. Lo regenta Cidalia, que es de Vinhais (Portugal), pero vive en Verín. Sirve a dos vecinos: para uno vino casero, para el otro café con aguardiente de hierbas. “Eu chámolle augardente raioto. É licor español, pero aquí na raia pídenmo así”, explica. Los clientes en seguida se animan a contar la historia del equipo de fútbol local. “Antes había moitos españois nel”, señala un grupo de amigos en las fotos de antaño que decoran el bar.

La clientela explica qué productos compran más al otro lado de la raia. “O gas (bombonas). Cunha botella de Portugal dáche para comprar dúas en España”, dicen. A la inversa, lo tienen claro. “Aos ourensáns encántalles vir comer o bacallao”, comenta Cidalia. Más tarde, en Chaves, en una conocida cadena de supermercados lusa -Pingo Doce- confirman que los españoles acuden a comprar fruta, que está más barata. Incluso aceite. Mientras que los portugueses viajan a Verín para abastecerse de productos de higiene, más económicos en España.

En el bar de Vilarelho da Raia tampoco faltan las historias del contrabando. Alejandro, muy expresivo, recuerda cuando cruzó el río cargado de sacos de café, con el agua por las rodillas. “Tantas horas na auga, xa che caía a pel. Gañábanse cartos, pero sufríase. Dun lado e do outro”. Tal es la huella del contrabando que unió aún más a los vecinos de frontera que, anualmente, representan la ruta que hacían antes por los montes. Participan ourensanos y portugueses.

Al salir del bar, llega Antonio Fernándes, que previamente había recordado que ya no tiene “idade para andar traballando” en sus tierras de Oímbra, a 50 metros de su aldea, Vilarelho. El octogenario portugués, bromista, saluda de nuevo: “Xa labrei a terra española!”.

Mapa de los municipios que conforman la Raia ourensana y portuguesa

A continuación, un mapa que muestra cuáles son los diferentes municipios de la Raia ourensana y lusa:

Mapa de la Raia.
Mapa de la Raia.

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