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“Me gustaría ocuparme de una iglesia. Nunca lo hice”. En diciembre de 2019, el diseñador de interiores Goyo Iglesias respondía así a la última pregunta de una entrevista para La Revista -“¿Alguna asignatura pendiente?”-, y hoy tendría que cambiar su respuesta. El ourensano cumple su sueño en el número 4 de la rúa Chano Piñeiro, en Novo Barrocás, donde ya asoma una valiente cruz de hierro.
Esta pertenece a la futura capilla de San Juan Pablo II, un espacio ligado a la parroquia de la Inmaculada que ocupa un bajo comercial junto a una farmacia y un supermercado y que está casi listo para ser inaugurado. “El reto era hacer una iglesia en un bajo, y transmitir la presencia de Dios en el barrio”, explica Iglesias, que se confiesa creyente y asegura que se empapó de libros de teología para que el propio diseño interior fuera una especie de catequesis.
“En el interior, todo pasa por hacer protagonista a Jesucristo: la cruz está colocada para que se vea nada más entrar, y los tablones de madera crean caminos de luz que conectan al Crucificado con el altar, con el ambón, con el sagrario…”, detalla, didáctico, Iglesias. Reconoce con humildad que es una filosofía que bebe de la tradición eclesiástica, en emplear los elementos arquitectónicos para transmitir el mensaje evangélico.
El interior de la capilla es sobrio, en madera y hierro, y en tonos ocres “para favorecer el recogimiento”, dice Iglesias. La figura de Cristo Crucificado -una talla de Acisclo Manzano de 1958- proviene de la sacristía de la Inmaculada; un elemento clásico que choca con la modernidad del espacio. “Empleamos energía 100% renovable, y las limosnas se pueden pagar con el móvil”, detalla el párroco, Alberto Diéguez.
El sacerdote cuenta que el origen del proyecto está en “las dificultades” que tienen muchos feligreses de la zona para acceder a la Inmaculada, en Montealegre. “Es una cuestión de cercanía, de acercarse a la gente”, explica Diéguez. La capilla ha de servir, también, como sala de reuniones y espacio multiusos para catequesis, cinefórums y otras actividades. Por ello, tanto el altar como la plataforma son desmontables, y pueden apartarse para dejar más espacio.
El sueño de una capilla se ha cumplido, así que toca pensar en otro reto: “Mira -dice-, pues nunca he hecho un decorado para una película o una serie…”.
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