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Reportaje
Uno doblega de corrillo palabras masculladas estos días: resiliencia, distópico, pandemia, ansiedad, confinamiento. Así, hasta una bruma infinita de la que no nos libramos ni con los rayos de sol que nos atempera cada mañana. Harto de no ver demasiada luz tras la cortina del virus, uno procura un destino que lo libere. Pensar en San Pedro de Rocas (Esgos), que dio vida eremítica y monacal a este paraje de la Ribeira Sacra, es fácil. En la era post-covid destinos como este, por sus singularidades geográficas y paisajísticas, jugarán -pienso- importantes bazas.
Rocas sorprende desde cualquier punto de vista. Desde el aire, el otrora cenobio, se integra a la perfección en un paisaje repleto de árboles, que laderas arriba, hacia la crestería picuda y rocosa que lo culmina, remata en pinos y eucaliptos, poco que ver con la galería de robles, abedules, castaños y avellanos que te inundan de frescor según avanzas por el Camino Real. En realidad, Rocas ya engatusa casi desde el momento en el que abandonas la carretera C-536, el ascenso, entre la frondosidad del bosque y las moles de granito distribuido a capricho sublima el pensamiento.
Varias brigadas se encargan estos días de adecentar los accesos y el entorno, a la espera de que, con la nueva fase en la desescalada abra sus puertas. Se valoran -comentan desde la Deputación- las normas a seguir en la visita al Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra, ubicado en la casa prioral, y a la propia iglesia.
Por la zona transcurre el Camino Real, un marco espectacular de bosque en galería, este sin restricciones. Allí, en la fuente de San Benito, en medio de un silencio sepulcral obra el milagro. Una gloriosa sinfonía interpretada por las gotas de agua que al nacer entre rocas se desprenden sobre la balsa que las recoge; cerrar los ojos ayuda a alcanzar un disfrute infinito.
El monte donde está ubicado el conjunto monumental se llama Barbeirón, pero lo cambiaron por Rocas en honor a las grandes moles graníticas naturales. Por allí no es difícil imaginar a Munio -y a otros ermitaños-, quien fuera abad de Celanova, recluido en el éxtasis del entorno, allá por el s. XIV.
El lugar no era nada hasta el s. VI, momento en el que se presupone la llegada de los primeros eremitas que le fueron dando forma con singular destreza a las 3 cuevas excavadas en la roca. Son las naves que hoy vemos en el interior tras superar la pasarela instalada en los 90, y que nos facilita la visión de las tumbas antropomórficas que ocupan el suelo de la nave transversal. Ampliación esta de los s. XVI-XVII, cuando el monasterio pasó a ser parroquia. A Rocas se le atribuye vida en comunidad desde el 573 d. C, merced a un hallazgo, la afamada lápida fundacional, hoy depositada en el Museo Arqueológico, que no era otra cosa que un documento de reparto de la comunidad entre los herederos.
La Ribeira Sacra, por sus singularidades orográficas fue retiro de anacoretas, pero solo aquí se conserva un rasgo identitario tres capillas excavadas en las rocas, la central de mayor amplitud y con una abertura circular en el centro de la bóveda a modo de chimenea. En la capilla derecha, sobre un sepulcro desmembrado de ornamentos de quien se presupone uno de los fundadores -Gemodus-, se encuentra una de las piezas más atractivas, un mapamundi mural al estilo de los que ilustraban las biblias en el medievo. Encalado con posterioridad, al igual que muchas otras zonas, tras el paso de elemento conventual a iglesia, el mapa se encuentra muy deteriorado, casi imperceptible el dibujo.
Mapamundi mural, pieza singular.
En la fachada de la antigua iglesia destacan las figuras de dos caballeros yacentes con los brazos cruzados sobre el pecho y formas artísticas heredadas del románico.
Del cenobio monacal nada queda a simple vista, salvo la singularidad de las naves de la iglesia y la espadaña del campanario situada en una roca. El lugar, después de varios incendios quedó arruinado. Se presupone este estaba ubicado en la casa prioral, hoy sede del Centro de Interpretación; allí, en una maqueta a escala de la Ribeira Sacra, al pulsar un botón, se ilumina cada uno de los monasterios de la zona. Que nos ilumine el camino también.
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