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El día a día del confinamiento en un edificio implica también convivir con la rutina de los vecinos, y no siempre es fácil. Desde el pasado 13 de marzo, la Policía Local de la ciudad atendió 129 quejas por ruidos. Antes del estado de alarma, los locales nocturnos y los botellones a pie de calle copaban la mayoría de las llamadas. Ahora, el asunto cambió: vecinos con la música demasiado alta, vocerío hasta altas horas, ladridos.
Fany Lorenzo y Marcos Viso, vecinos de A Ponte, lidian desde hace meses con los ladridos del perro de su vecino del piso inferior hasta bien entrada la madrugada. Hablaron con la comunidad, llamaron a la Policía, presentaron una denuncia administrativa en el Concello en febrero, e incluso colocan carteles en las zonas comunes después de los días más molestos, pero todo sigue igual. "Es que ya no sabes ni qué hacer, le pedimos que respete la convivencia, sobre todo ahora, que ya lo pasas mal con el tema de no poder salir mucho de casa como para aguantar esto", asegura Lorenzo. Tras el inicio del confinamiento, los ladridos cesaron durante varias semanas. Pero volvieron. "Si fuese algo puntual, un día un rato, pues bueno... Pero es que es seguido. A lo mejor una tarde ladra tres horas, a la siguiente no y a la siguiente otra vez", apunta. La pasada semana, volvieron a llamar a la Policía Local: "Nos dijeron que no podían hacer nada porque no estaba, pero claro, son muchas horas fuera, oye, digo yo que podrán hacer algo si es que se está saltando el confinamiento".
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