Sánchez lo sabe: a los ourensanos les da igual

Análisis

El Gobierno ha cumplido con la ceremonia de poner dinero en el papel, sin que eso suponga más compromiso. Con la obra del AVE a punto de concluir lo gordo se acabó y nadie pide proyectos nuevos. De eso no tiene culpa Sánchez.

Labores de desinfección en las calles de Ourense (EFE).
Labores de desinfección en las calles de Ourense (EFE).

Los Presupuestos Generales del Estado se han presentado siempre como la caza mayor de las inversiones, como el armazón de una acción de gobierno. Pero, en el caso de Ourense, las piezas que se cobran requieren como arma apenas un tirachinas. El Gobierno de Pedro Sánchez pudo poner más empeño en las partidas para invertir el año que viene pero ni ha sentido la presión de la oposición ni las sugerencias de los suyos. La interpretación de las cuentas públicas se repite miméticamente todos los años, y este no será menos. En el debe del actual Ejecutivo se contabilizarán los mismos déficits que si gobernase el PP.

La valoración de los Presupuestos suele alimentar los egos de los parlamentarios pero dejan a la mayoría de los ciudadanos absolutamente despreocupados. No es su obligación hacer un seguimiento de las partidas y su cumplimiento, tampoco lo es sugerir inversiones nuevas.

Y es ahí donde se detecta una de las principales carencias. El tren de alta velocidad, que se llevó 406 millones de euros en el 2018 (más del 90% de todo lo presupuestado), acaparó un año después 246 millones. Para el año que viene se reservan 51,8 millones de euros; es decir, la cantidad sigue a la baja y en ella se incluye 29 millones para la variante exterior del ferrocarril en su entrada a la capital. En realidad, cuanto más cerca se está de la finalización de la obra de la alta velocidad ferroviaria menos dinero hay que reservar. Por lo tanto, la regalía de dinero del AVE está a punto de concluir.

Finalizadas ya las obras del archivo o la biblioteca, tampoco hay por qué dedicar más dinero a esos equipamientos. Otras actuaciones como las obras del Museo Arqueolóxico siguen su curso, por lo tanto en el horizonte no hay mucho más por donde tirar. Hace ya varios años que se advertía que una vez concluidas las obras previstas no había ningún proyecto nuevo que desarrollar. Y es ahí donde hay una gran responsabilidad ourensana. El Gobierno central no ha incluido a la provincia en nuevos proyectos ni desde aquí se han reclamado.

Un ejemplo paradigmático está en el Concello de Ourense, sumido en una grave crisis institucional y convertida en una administración fallida. El actual gobierno no ha sido capaz de concebir nuevas infraestructuras o equipamientos que requiriesen la participación del Estado en su ejecución. Lejos de eso, el alcalde Gonzalo Pérez Jácome solo ha dado a conocer ideas inconexas, ni siquiera proyectos, sobre los que ninguna administración se ha visto aludida, menos el Estado.

Por lo tanto, Ourense se ve abocada a mantener su actual atonía inversora, sin nuevos proyectos que involucren al Estado y abocados a que las inversiones seguirán siendo cada vez menores.

A su vez, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha vuelto a poner en evidencia el escaso respeto que se le reclama desde la ciudad y la provincia. La variante norte, que unirá algún día dos zonas vitales de la urbe, contará con 250.000 euros de inversión cuanto la obra debería estar acabada hace diez años porque lleva veinte prometida. Sobre las vías de alta capacidad, como la A-56 y A-76, sigue habiendo limosnas, no inversiones creíbles para garantizar plazos de ejecución. La circunvalación de O Barco se lleva 23 millones después de lustros esperando.

Además, la plasmación en el papel de las partidas no comporta compromiso de ejecución, como se ha visto en ejercicios anteriores. Lo que sí evidenciará un año más es que tanto de la falta de inclusión de proyectos nuevos como de la materialización de los mismos nadie tiene más culpa que Ourense.

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