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Por las noches o en las horas muertas del mediodía, suena un saxofón en el Campus de Ourense. Las notas no emiten jazz, ni blues, ni nada que se le parezca. Suenan canciones “comerciales”, de las que repiten una y otra vez en la radio.
El intérprete es Marcos Sabor, un joven de 18 años recién llegado a la ciudad. Aunque él es de Sanxenxo, vino a Ourense para estudiar el primer año de Administración de Empresas (ADE). Compagina su carrera estudiantil con su pasión: tocar el saxo para quien se quiera parar a escuchar.
Su selección musical difiere de lo clásico. “Me gusta entretener e interpretar lo que se lleva ahora. También bailarlo”, explica. Mientras, baila frente a la cámara para demostrar sus dotes. Interpreta “La bachata” y no pierde ni un paso; incluso da vueltas sobre sí mismo. “Yo era muy fan de Michael Jackson. Empecé a ver vídeos suyos y a imitarlo en el espejo de mi habitación una y otra vez hasta que lo memorizaba”, recuerda.
Su aprendizaje comenzó a los diez años. Lo apuntaron a clases, “pero no iba ni a la mitad”, reconoce. De hecho, al poco tiempo lo dejó. Pasaron los años y cuando llegó la pandemia se reencontró con el instrumento. “Era el cumpleaños de mi hermano y se me ocurrió tocarle el No dudaría de Antonio Flores. Mi nivel era casi nulo pero me gustó la sensación. Me obsesioné y pasé a tocar diez horas al día”, explica.
Buscando y rebuscando canciones para su repertorio encontró en internet a un italiano que tocaba el saxo en la calle. “Yo también quise hacerlo, pero mi madre no lo veía bien. De pequeño sufrí acoso escolar y tenía miedo de que se burlasen de mí”, recuerda. Era menor de edad, por lo que tampoco pudo tomar su propia decisión. Se buscó la vida de otras formas y lo empezaron a contratar en bodas y otros eventos. “Quien la sigue la consigue. Empecé enchufando un altavoz en el local de una conocida y tocando hasta que me empezaron a llamar. Tuve muy buen recibimiento”, recuerda. Así, poco a poco se fue atreviendo y, en cuestión de semanas, ya llenaba plazas en su villa natal. “Había gente que venía a propósito para verme y me reñían cuando llegaba tarde”, menciona riendo.
Sus gustos los tuvo claros desde el principio. Rara vez se va más allá en el tiempo de la creación de Queen. Eso sí, toca su rapsodia y no pierde ni una nota. Por lo demás, se decanta por la electrónica, pero también se atreve con el pop o los ritmos latinos.
“Nunca me gustó lo clásico. Aprender canciones que luego nunca volvíamos a tocar. Me gusta que la gente se lo pase bien y disfrute y baile conmigo”, afirma el joven.
El espacio en el que ensaya tampoco es fortuito: por miedo a molestar a sus vecinos, comenzó a practicar en la universidad. Sin embargo, puede que Sabor estuviese confundido. Esta semana, mientras practicaba en el Campus, se le acercó una mujer con su hijo: “Por favor, no te vayas del edificio para tocar. Nos encanta escucharte, lo disfrutamos mucho”, le dijo ella. “Eres un crack”, añadió el niño. Carla y Gael se quedaron un rato largo escuchando a Sabor. Emocionados, le agradecieron su pasión por la música. El niño incluso le dio un abrazo.
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